Welcome to Chile: Vicente Huidobro, o el viaje en parasubidas

Vicente Huidobro fotografiado por Arp
Vicente Huidobro fotografiado por Arp

Encontrarse con la obra de Vicente Huidobro, dentro de la poesía latinoamericana en general y chilena en particular, significa descubrir al que fue un autor completamente dedicado al estudio y práctica de la literatura, y a la constante innovación dentro de ésta. Su obra más conocida (no sé realmente si “reconocida”) es, sin duda Altazor, o el viaje en paracaídas, quizás porque refleja el punto máximo de desarrollo del estilo denominado CREACIONISMO, del cual es fundador y que se deriva, principalmente, de su encuentro con el movimiento vanguardista, cuando viaja a París y, básicamente, al deseo, personal, de expresarse desde otro tipo de lenguaje poético. Pero vamos por partes. Qué hace diferente a Huidobro?. Para eso, quizás sea necesario establecer su ritmo de vida, itinerante y no exento de polémica y su carácter, no rebelde, pero sí “desfasado”, “desubicado”, dentro de los parámetros literarios e incluso sociales de la época. Nacido el 10 de Enero de 1893, en Santiago, Vicente García-Huidobro Fernández, fue hijo de una aristocrática familia, dueña de viñedos y otros negocios. Su madre era escritora y no es extraño que ella haya sido una importante influencia, para el temprano encuentro de Huidobro con la literatura. De joven estudió en un Colegio de Sacerdotes Jesuitas, de los cuales se expresaría después en Pasando y Pasando, en términos que no denotaban mucha simpatía. En 1916 se traslada a París, Junto a su familia, a donde llega en medio del segundo momento del modernismo latinoamericano y en pleno desarrollo del movimiento vanguardista europeo, que más tarde se encargaría de exportar a la lengua castellana y a Latinoamérica. Antes de llegar a París, en ese mismo año, publica su primer libro Ecuatorial y Poemas Árticos, que ya presentaban los indicios de una propuesta creacionista.

En la década del 20, presenta una agitada actividad, en diferentes géneros literarios. En 1923, fúnda el movimiento CREACION, y publica Finnis Britannia, pero finge un secuestro, en el que culpa a los agentes británicos, pero al verse descubierta la farsa, regresa a Chile en 1925 y se involucra estrechamente con el Partido Comunista y es candidato a la presidencia, pero un nuevo escándalo en 1926, lo hará regresar a Paris. En esa ocasión, se trató de una confesión amorosa a través de un poema publicado en un diario en Semana Santa; la mujer de la que se enamoró, resultó ser una colegiala de 15 años, hija de un personaje público. De París se trasladó a Nueva York, en donde gana un premio de diez mil dólares, para adaptar al cine su novela Cagliostro. Entonces hace amistad con una cantidad de estrellas de cine y publica también su novela Mio Cid Campeador, una de sus mejores obras.

Es en la década de 1930 que llega su época de mayor productividad literaria, marcada por la publicación de Altazor, o el viaje en paracaídas, en 1931, en diferentes diarios chilenos y argentinos y después como libro. En 1935, Huidobro patrocinó la más polémica antología de poesía que se haya editado en Chile y quizás en Latinoamérica. De autoría del biógrafo y escritor VOLODIA TEITELBOIM y del poeta EDUARDO ANGUITA, la ANTOLOGIA DE LA POESÍA CHILENA NUEVA, puso a más de uno en jaque y encendió más de un grito de reclamo y rechazo. En 1944 fue corresponsal en la Segunda Guerra Mundial y en 1948, muere de un derrame cerebral. Si bien en asuntos de política y en algunos aspectos literarios Huidobro fue irreverente y polémico, se debe reconocer que su trabajo fue siempre innovador y se caracterizó por la diversidad y la exploración de nuevos estilos y formas de expresión.

 

EL CREACIONISMO: PURA INVENSION.

Retrato de Huidobro por Picasso

Hacia 1916, ya Huidobro tenía una clara idea de lo que el Creacionismo significaba para él. Ese estilo representaba la forma de cumplir un deseo que desde muy joven afloró en él; la posibilidad de romper con todo lo establecido hasta el momento dentro del género poético. La ruptura con todas las formas establecidas en la época. El propio poeta ya lo habría expresado, al decir “Odio lo cliché, lo retórico, la rutina”. Es por eso que sus primeras obras Ecuatorial y Poemas Articos, publicados en 1918, ya estaba provistos de la esencia creacionista. El creacionismo puede definirse como la creación de un mundo paralelo, absolutamente independiente del real, en el que el poeta no es sujeto de la inspiración, ni un mero vehículo que exterioriza ideas, o sentimientos. Por el contrario, el poeta es un sujeto conciente de su escritura, la controla, posee y domina técnicas estéticas. Al referirse al creacionismo, Huidobro aseveró que no había ideado nada nuevo, no por lo menos una teoría que deseara imponer. En su libro Manifestes, publicado en 1925, y que es un compilado de sus principales artículos y textos, hay uno en particular llamado EL CREACIONISMO, en el que Huidobro explica que esta teoría estética la venía elaborando desde 1912, que está presente en obras anteriores. En este mismo texto del libro, Huidobro entrega su propio análisis del poema creacionista: “El poema creacionista se compone de imágenes creadas, de conceptos creados; no escatima ningún elemento de la poesía tradicional, salvo que en él dichos elementos son íntegramente inventados, sin preocuparse en absoluto de la realidad ni de la veracidad anteriores al acto de realización”. Lo cierto es que en su momento, Huidobro fue un innovador y se convirtió en el primer Vanguardista Latinoamericano y por supuesto, el primero en idioma castellano.

 

ALTAZOR, O EL VIAJE EN PARACAIDAS.

Tapa de Altazor

Sin duda no se es el mismo cuando se lee el Altazor de Huidobro. Y no soy la única que lo cree, puesto que ya varios poetas me han expresado la marca tan importante de esta obra dentro de sus lecturas. Compuesta de siete cantos y un prólogo en prosa, Altazor parte de la base de tratarse de un viaje, pero un viaje cuya finalidad puede ser interpretada de las más diversas formas. Puede tratarse de un reconocimiento del espacio literario recorrido como poeta de su autor, o del espacio de vida recorrido como persona. El viaje literario, está reflejado principalmente en la forma de construcción de a obra. En el prólogo, Altazor se define a sí mismo, como autor. El primer canto muestra un Altazor de versos clarísimos en significado para el lector, en donde aún no aflora, muy marcadamente, el estilo creacionista que Huidobro ideara. El Segundo Canto, es descrito por la crítica en general, como un extenso poema de amor. Pero más que eso, es un reconocimiento a la mujer amada, una admiración profunda, y tierna, del ser que se ama, vista desde todos los ángulos que puede verse a un ser e identificada con todos los sueños que un hombre anhela identificar en una mujer. Ya en el tercer canto, se impone la presencia del estilo Creacionista, en donde Altazor reflexiona con palabras de su invención, con un significado, que individualmente es más fonético que semántico, pero que en conjunto, halla la interpretación de las impresiones de Altazor, en su viaje en paracaídas. Al llegar al Séptimo canto, el lenguaje se ha tornado completamente nuevo y de significación musical.

Pero además de ser un libro que condensa el proceso de Huidobro hacia el Creacionismo, también refleja la caída de un hombre, desde el cielo, o, la subida desde la tierra. Altazor es el cúmulo de recuerdos de humanos, de un ser que no parece serlo, una especie de ángel o un ser de características similares a un ángel, que no solamente cae, como ser, como ente, a través del espacio sideral, sino que cae como ser dentro de sí mismo, en un viaje interior,

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No sé si tendrá relción con lo sucedido en Concepción hace unos días, la obra de Leo Iturra, pero dejo de todos modos una impresión de la obra:

Trataba, como decía la invitación, la problemática de la poética de Altazor, una «reescritura de Vicente Huidobro». Dicho trasvase de la palabra al escenario fue pulcramente tratado, pese a la dificultad de tal apuesta. El direcor, Leonardo Iturra, elaboró una escenificación de teatro danza que abarcó buena parte de los núcleos temáticos del poemario, incluyendo la crisis tratada sobre el lenguaje. La ruptura del telón implicó instalar unas escaleras curcas y montables que permitían a los actores, sujetos extraviados entre la palabra y la nada, jugar con sus formas, colgarse, saltar y descansar en su estructura, precisamente una estructura lábil, en constante movimiento. La forma de una lengua, me decía en ese instante, donde cuelgan los hombres, sus proyecciones, miedos y límites.

La musicalización, además, permitió generar los cambios, aceleraciones y pausas para el bricolage final donde triunfaría finalmente la desnudez de esos cinco personajes atrapados, como la tierra, a ciclos estacionales, membranas infranqueables que la naturaleza impone, en la cual se contuvo la pasión, el descreimiento, la huida, la violencia, el temor, el juego, el sexo, la luz, la noche perenne. Y donde el movimiento y la danza permitió sincronizar los estados emocionales conforme a l representación, acabando en un montje coherente que registró los viajes -hacia todas y ninguna parte- de las lenguas. Y paralelamente, las realidades transitorias a las que condujo.

El guión fue, pese a la humildad con que Leo Iturra presentó su argumento, impecable: sensitivo e inquisidor al mismo tiempo. El territorio esbozado por Altazor traducido a la espontaneidad de diálogos y situaciones representaron didácticamente los embates de la poética huidobriana. Diálogos que también se tejieron en el silencio de varios minutos -como negativo de luces, movimientos, figuras- e inclusive en el suspenso de simples sonidos, ruidos emulado por bocas autónomas -baf -brum -clif- trac -bums. Hasta que el final del viaje acabó con las cuatro escaleras formando un recinto ciurcular donde hombres y mujeres permanecieron encerrados, sin la posibilidad de articular palabras coherentes, mientras las luces del escenario bajaban. Envuenltos simbólicamente en una tela blanca en medio de la oscuridad del teatro.

Me siento imposibilitado de transmitir más impresiones, sobrepasado tal vez por la puesta en escena musical y semiótica que potenció profundamente el mensaje -polisémico por supuesto- de la representación.

Fuerza y saludos

A. M.

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