El Cronopio Mayor y el Jazz

El Cronopio Mayor era amante del jazz; éste era parte integrante de su escritura y en la lectura de la mayoría de sus cuentos y novelas se pueden sentir las cadencias  y los acordes  – roncos, fuertes, débiles, casi como un hilo, ascendentes, descendentes, abruptos, planos o en relieve – de  Charlie Parker (su favorito), Louis Armstrong o Dizzy Gillespie, entre otros. En Rayuela, la lógica de Oliveira, sus pensamientos e imaginaciones, parecen  tener cierto sentido para él, solamente si están precedidos o mezclados con las notas graves de los saxos y las trompetas.

Sin embargo, es en El Perseguidor en donde la presencia del jazz trasciende al tono del texto, para  imponerse en la historia misma. El atribulado genio del jazz llamado Johnny Carter, devenido por las drogas, es enaltecido hasta las cumbres en el corazón de su biógrafo (admirador) y amigo, el periodista Bruno V…

Johnny Carter es, a mi modesto juicio, una de las mejores creaciones de Cortázar. Creo que el espíritu del jazz lo inundó hasta la médula al escribir El Perseguidor y que esa fue la razón para poner en la boca de Johnny – siempre en momentos de borrachera, drogadicción o de completo abatimiento – frases pronunciadas con inocencia o melancolía y que incendian cada cierto tanto el ritmo de la historia:

«Está lo que tú y los que como mi compañero Bruno llaman Dios. El tubo de dentífrico por la mañana, a eso le llaman Dios. El tacho de basura, a eso le llaman Dios. El miedo a reventar, a eso le llaman Dios.»


«Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados. Me empiezo a dar cuenta poco a poco de que el tiempo no es como una bolsa que se relle¬na. Quiero decir que aunque cambie el relleno, en la bolsa no cabe más que una cantidad y se acabó. ¿Ves mi valija, Bruno? Caben dos trajes y dos pares de zapatos. Bueno, ahora imagínate que la vacías y después vas a poner de nuevo los dos trajes y los dos pares de zapatos, y entonces te das cuenta de que solamente caben un traje y un par de zapatos Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es cuando te das cuenta de que puedes meter una tienda entera en la valija, cientos y cientos de trajes, como yo meto la música en el tiempo cuando estoy tocando, a veces. La música y lo que pienso cuando viajo en el metro.»

En la música en general, pero en el jazz en particular, el tiempo adquiere una relevancia única. La palabras claves quizás sean sostener, mantener, durar. Y Johnny se obsesiona con hacer caber la vida en un tiempo específico: el del jazz.


«Pero -agrega astutamente- sólo en el metro me puedo dar cuen porque viajar en el metro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro, y he estado pensando, pensando… (…) Bruno, si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia… Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio… Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana…

El Cronopio Mayor y el jazz caminaron juntos algunas jornadas de la senda literaria. Y sin duda el jazz ayudó a Cortázar a moldear muchos párrafos e inspirar otros tantos. Para cerrar, los dejo con dos videos para disfrutar: un fragmento de la entrevista que realizó Joaquín Soler Serrano a Cortázar en 1977 y en donde éste habla sobre el jazz en su obra y un video de Charlie Parker con Dizzy Gillespie interpretando el tema Hot House.


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