La realidad vive de la ficción

Leo con atención la nueva narrativa latinoamericana, desde México hasta Chile y Argentina. Lo hago solo por estar al corriente con lo que las «nuevas voces dicen». Las «nuevas voces», por supuesto, es una forma de llamar al grupo de talentosos y no tan talentosos escritores modernos, que nacidos en distintos lugares de latinoamérica, tienen una forma muy interesante de escribir, de contarnos sus cosas y que han traspasado fronteras, precisamente escribiendo fuera de ellas. De mis lecturas saco muchas conclusiones. Algunos son aventajados alumnos de las figuras del boom, aunque se empeñen en negarlo y en diferenciarse de todas las formas. Álvaro Castillo, fuente inagotable de lecturas, un lector de marca registrada, me da un consejo: me dice que la vida es muy corta para todo lo que hay que leer, y que por tanto no me enfoque «principalmente» en la literatura contemporánea. Tiene razón. Pero no puedo evitar encontrarme con sorpresas muy bien escritas, con historias muy bien contadas y que me permiten llenar algunas cuartillas con conclusiones agradables. (Porque de las cosas que no me gustan, prometí nunca escribir, después de conocer un desagradable caso). De Héctor Abad a Santiago Gamboa y Fernando Iwasaki, me encuentro con obras interesantes, en las que muchas veces me he visto reflejada. Pero en esa línea trazada por los diferentes autores contemporáneos, hay una curva. Una especie de descanso en el camino, en el cual me detuve hace cinco años ya, y que volví a encontrar hace poco. Los libros no son los mismos cuando se leen en distintas épocas y es por eso que Rosario Tijeras de Jorge Franco Ramos (Medellín, 1964), ya no es la misma después de todo ese tiempo. La historia delirante de una mujer hermosa, fuerte y agresiva, detrás de la que se esconde una vida de situaciones extremas
de miseria y dolor que la llevan a meterse en el mundo de la mafia y el sicariato y a compartir su amor y sus desmanes de locura, con dos amigos de familias ricas. El narrador en la obra, es uno de los hombres que sucumbió al encanto de Rosario, y que sin duda fue el que más la amó. Desde los pasillos del hospital donde Rosario se está muriendo, el recuerda todas las vivencias que junto a Emilio su mejor amigo, experimentaron en compañía de Rosario, usando la técnica cinematográfica del «flash back», para darle la cuota de suspenso, emoción y fluidez a la narración. La vida de Rosario es fuerte. Todo, de la forma en que lo cuenta Franco, da una tácita justificación a las acciones de Rosario y esboza la situación real de un Medellín adolorido, tanto para la alta
sociedad, de familias acomodadas e ilustres e hipócritas, como para esa parte de la sociedad humilde y humillada, que vive en la periferia y que como Rosario, soportan una vida cruel. Y es en Rosario y sus dos amigos que se concentran todos los contextos sociales, todas las verdades de esa realidad que muchos autores, de un tiempo hasta ahora, intentan esbozar de una u otra forma, con las palabras y argumentos que son parte de esa realidad. Una forma, quizás, generalizada en los autores de ahora en Colombia, de romper lazos con ese realismo mágico que los precedió, para afrontar las verdades como son. Con las historias que ocurrieron. Pero el mérito de Jorge Franco no está en ese punto solamente, su validez, que le da a «Rosario Tijeras» (y a sus otras obras, sin duda) la fuerza de una historia imprescindible para el lector, radica en ser consecuente con la ficción. En la literatura, especialmente en los géneros que corresponden a la narrativa, la ficción es el insuflo de vida de la realidad. Es la ficción, es la aplicación de la imaginación y en ocasiones la fantasía (como decir que los besos de Rosario saben a muerto) lo que nos hace, a los lectores por lo menos, ver la realidad claramente, dilucidar algunas verdades, nuestras verdades, a través de un cúmulo de mentiras. Pero no cualquier clase de mentiras. Tampoco cualquier clase de ficción. Solo las mentiras bien contadas. Solo la ficción bien escrita.

Así, Rosario Tijeras elogiada y respetada por una nutrida crítica, y por quien esto escribe, es una obra que me suscita ahora, más que ayer, las mejores sensaciones, entre ellas, de encontrarme con un autor pulcro, con una obra apasionante de principio a fin, atrapante, en donde crujen juntos, la muerte, el dolor, la tristeza, la alegría y el sexo, vistos desde sus ámbitos más extremos, vueltos realidad y leyenda delirante, en la vida de una mujer: la misma vida de Rosario Tijeras.

SOBRE JORGE FRANCO RAMOS

Escritor colombiano nacido en Medellín. Estudió Literatura en la Universidad Javeriana y realización de cine en la London International Film School. Fue miembro del Taller Literario de la Biblioteca Pública de Medellín que dirigió Manuel Mejía Vallejo, ganando su primer concurso literario con el libro de cuentos Maldito amor (1996). Ha publicado las novelas Mala noche (1997), Rosario Tijeras (1999), su obra más conocida, traducida a varios idiomas, y Paraíso Travel (2000). Ha publicado cuentos y artículos en diversas revistas. Reside en Bogotá. (edlp)

Más del autor en:

www.jorge-franco.com

2 comentarios

Añade el tuyo →

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.