Las formas de la pereza

Tapa de "Las formas de la pereza"
Tapa de "Las formas de la pereza"

Este título no sorprende, si tomamos en cuenta que su autor realizó esta compilación de sus principales ensayos, apuntes, notas y conferencias, mientras gozaba de una prestigiosa beca de creación, que le fue otorgada por el DAAD, durante un año, en Alemania. Tanto tiempo disponible, fue suficiente para ejercer el oficio de la pereza.

Pero no cualquier tipo de pereza. Por eso, no pasa desapercibido el ingenioso juego de precisiones sobre “la pereza”, “el aburrimiento” y “el ocio”, que se tratan en su respectivo ensayo, ese mismo que da nombre al libro y que observa que no se puede saber qué fue primero, si el huevo del ocio o la gallina del aburrimiento, pues finalmente, ambas formas provienen del bienestar.

Pero no solo de “la pereza”, se trata en este libro. Aquí hay un paseo por la literatura, el periodismo, la creación y los procesos que la intervienen, y hasta el amor (desde la perspectiva de la literatura, claro), como algunos de los tópicos sobre los que se posa la mirada, aguda (irónica, por supuesto) y pícara de su autor, Héctor Abad Faciolince.


El juego de contrastes para el conjunto de ensayos que habla de la relación de amor y matrimonio es interesante. Parte con un ensayo escrito en 2000, en donde el autor (felizmente casado) pasa revista al amor, según como lo ha tomado la literatura a lo largo de la historia, desde Lope de Vega y Quevedo, hasta Kant y Thomas Mann. En contraparte, viene luego un ensayo de 2006, el que se abre con una frase muy simpática “Los matrimonios felices, son tan comunes como los unicornios”.

Una de las grandes cualidades de este libro, es que sus ensayos, más que eso, se tornan conversaciones amenas, agradables, del autor, con otros autores, con otros estilos. Un diálogo sobre diferentes temas, pero siempre desde su experiencia como escritor, periodista, como creador, como artista.

Quiero subrayar especialmente lo que habla sobre la literatura y el periodismo. Es innegable que la observación del autor sobre estos temas, está alimentada por su experiencia, por el conocimiento de ambos y por la reflexión en torno a estos.

En el ensayo del libro que se titula Trece tesis sobre periodismo y literatura, la número 10 es de referirla completa:

Un periodista, si es empleado de un medio, está obligado a escribir. Si hay más publicidad, tiene que llenar una página nueva, con lo que sea. Los periódicos se han convertido en contenedores de publicidad, es decir, en una especie de rellena. La publicidad es el arroz de la morcilla; si el medio dispone de mucho arroz, los periodistas tienen que poner la sangre, y la deben sacar de donde sea. Los periodistas, decía Karl Kraus, no escriben porque tienen algo que decir, sino que tienen algo que decir porque escriben. Como están obligados a escribir, les toca decir algo. Ay del escritor que escriba sin tener nada que decir: se le nota. El periodista tiene que ser capaz de llenar una página, con lo que sea. También ocurre lo contrario, si se cae un aviso publicitario y rebaja el paginaje del medio, el periodista tiene que recortar el artículo que le costó sangre, como sea. El periodista no puede tener, y menos mal, la vanidad del escritor: no puede apegarse con amor a la integridad de su obra; tiene que ser capaz de echar mano de cualquier tema para aumentar una página.

Quizás nada nuevo, pero ayuda a comprender por qué el periodismo cobra mayor vida, si es potenciado con la literatura. El mismo autor nos da la pista en la tesis número uno del mismo ensayo: (…) Como siempre, lo problemático está en los casos de frontera: en los informes y crónicas que parecen cuentos, o en los cuentos y novelas que parecen reportajes. O más claramente aún, se le escapa una verdad en la tesis número seis: El diario íntimo, la biografía, la autobiografía, la narrativa de viajes, los epistolarios, son subgéneros literarios que comparten con el periodismo (quizás otro género literario) su característica factual.

En este libro se concentran apuntes, notas sueltas, ensayos finales, y también una conferencia que el autor dio para los alumnos de comunicación social de la Universidad Eafit, que resume una de sus experiencias más importantes, y sin duda la cara más visible de su trabajo el periodismo de opinión.

Las formas de la pereza, en verdad, no hace nada de honor a su título. No es un libro para aburrirse, ni tampoco lo es tanto para reflexionar sobre el aburrimiento. Más bien, vale la pena saltarse esa fase de la pereza y conversar con el autor; escucharlo atentamente. Está muy bien editado y algunos ensayos sorprenden por su actualidad, aún cuando fueron escritos hace ya varios años. Es el caso del ensayo sobre las telenovelas, esa expresión que es un monstruo de dos cabezas, escrito en 1991, pero asombrosamente vigente.

Y finalmente, para no perderse de este libro, el ensayo final: ¿Por qué es tan malo Paulo Coelho? La más acertada observación sobre un autor y una obra, que precisamente por ser mala, es tan complicada.

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