Laura García

El pez en el agua

El pez en el agua

Mario Vargas Llosa

Alfaguara, 618 pág.

 

En la dedicatoria de su libro Diálogo de conversos, Roberto Ampuero y Mauricio Rojas escribieron: «Para Mario Vargas Llosa, amigo y maestro liberal». La mejor muestra de ese maestro liberal que es Vargas Llosa está precisamente en su libro de memorias —tempranas—, El pez en el agua.

Leer este libro es un goce gracias a la extraordinaria capacidad narrativa de Vargas Llosa, que no es ninguna novedad, pero también a las sabrosísimas aventuras que cuenta. El libro está estructurado de tal forma que cuenta dos historias paralelas, intercaladas capítulo de por medio. Por un lado, recorre sus memorias desde el niño que creció en Cochabamba, hasta el joven obsesionado con ser escritor que llegó a París. Por otro lado, revive su aventura como candidato a la presidencia del Perú.

El niño Mario Vargas Llosa creció con su familia materna, en medio de los mimos, cuidados y atenciones de un clan cuya cabeza era el abuelito Pedro. Poco antes de nacer, Ernesto J. Vargas, el papá, abandonó a Dorita Llosa, la mamá, de una forma bastante cobarde y triste. Pero la familia de Dorita la apoyó en firme con la crianza de un niño al que le inventaron una milonga para justificar la ausencia del padre. Un buen día, cuando el niño cumplió once años, y sin mediar mayor explicación, Dorita lo lleva a conocer a su papá. Este es el punto de partida de las memorias personales y el hilo conductor de todos sus recuerdos íntimos; el señor Ernesto J. Vargas resultó ser un tipo horrible, incapaz de demostrar amor —si es que lo sentía—, autoritario y sin criterio que llevó a Dorita y al hijo a una vida triste, llena de gritos y miedo y lejos de la protectora familia Llosa. Vargas Llosa vivió durante muchos años con la sombra de un padre que lo atormentaba e incluso llegó a sentirse decepcionado de esa mamá luchadora que de un momento a otro pasó a ser una paciente esposa que todo lo aguanta sin chistar.

Desde ese quiebre en su vida, Vargas Llosa empieza el recorrido que va por la vida de la familia Llosa, el oscuro período que le tocó vivir como interno en el colegio militar Leoncio Prado—al que llegó por empeño de su padre—, las aventuras como estudiante de la Universidad de San Marcos, el ejercicio de innumerables oficios y trabajos de lo que fuera —es increíble cómo le alcanzaba el tiempo para tener tantos trabajos y además estudiar—, sus constantes flirteos con la política, su faceta comunista y socialista, pero sobre todas las cosas, ese inmenso deseo de convertirse en escritor que surgió con una fuerza enorme en su adolescencia mientras escribía obras de teatro.

Cuando Alan García propuso e impulsó sus iniciativas de estatización de la banca en Perú, por allá por 1987, Mario Vargas Llosa, animado y apoyado por varios buenos amigos, convocó a un mitin en la Plaza San Martín, al que llamaron “Encuentro por la libertad”. A pesar de las dudas que tenían todos frente a la capacidad de convocatoria del movimiento, miles de peruanos se concentraron en la plaza para escuchar a uno de sus escritores más importantes hablarles sobre la libertad, la importancia de entender que el capitalismo no es ese mal pintado diablo que muchos atacan y que, ante todo, una nación que aspira a la prosperidad no debe perseguir la distribución de la riqueza sino la creación de la riqueza. Parece una veleidad semántica, pero representa en realidad un enorme giro conceptual, social y cultural. No es lo mismo nivelar a toda la sociedad hacia la pobreza, que armar una potente estructura de instituciones para que todos puedan lograr la riqueza que anhelen. De todo esto les habló el Vargas Llosa escritor, mientras los asistentes coreaban y vitoreaban cánticos sobre la libertad. Ninguno de los convocantes se lo creía. Había en esa plaza una cantidad impresionante de personas entendiendo —o eso al menos creyeron ellos— que defender la libertad de mercado y la libertad económica, por encima de la estatización, no tiene nada que ver con la falta de solidaridad o con entorpecer la búsqueda que hace cada país para mejorar sus condiciones. Un montón de peruanos entendiendo que no se trataba de defender a esos banqueros corruptos sino de proteger las libertades básicas de una sociedad, siendo la más importante de esas libertades la limitación de las funciones interventoras del Estado. Ese mitin fue el comienzo de un período de tres años de mucho trabajo y muchas pesadillas para Vargas Llosa y su familia, quienes se entregaron por completo a la campaña por la presidencia. Vistos en perspectiva, desde la exquisita memoria de Vargas Llosa, esos años fueron tormentosos. El Vargas Llosa escritor tuvo que cederle su vida entera al Vargas Llosa político, un tipo a veces bastante ingenuo, que creyó que la política era eso que su imaginación de novelista le había enseñado: un mundo en el que las ideas, la discusión y los argumentos priman por sobre los embustes, las triquiñuelas, las infinitas alianzas y el entramado de negociados y chismes que sostienen a cualquier político.

Mario Vargas Llosa en el mitin de 1987, bajo una lluvia de pica-pica, el mismo que después se conviritió en la pesadilla de sus días de campaña.

Estas son también las memorias de sus arrepentimientos —que fueron muchos más que sus momentos felices—, y sus errores, de los cuales el más importante fue, sin duda, haberse aliado con dos grandes partidos liderados por políticos dinosaurios del Perú, en los que Vargas Llosa tuvo y seguía teniendo mucha fe, pero que en lugar de prestarle el soporte y la robustez que él buscaba lo mancharon con la mala fama del más de lo mismo con el que los peruanos comenzaron a mirarlo. Aun así, por unos instantes, Vargas Llosa fue el rotundo ganador según las encuestas y el tiempo dejó muy claro que una sórdida maquinaria fue la que puso en la silla presidencial al infame Fujimori, quien pasó de ser un candidato más de esos que ni la familia vota por ellos, a un poderoso contendor que llegó hasta la segunda vuelta.

De todos los detalles, anécdotas, historias y comidillas políticas con las que está construido este libro, la que más me gustó —y confieso que me hizo llorar— fue la del amigo Luis Loayza.

Loayza y Vargas Llosa fueron amigos desde su juventud y junto con Abelardo Oquendo formaron un triunvirato. Los amigos solían molestar al Vargas Llosa universitario por la obsesión que desarrolló por Sartre. Fue tanta la fiebre, que al final los amigos terminaron por apodarlo el sartrecillo valiente, título de uno de los capítulos del libro. Muchos años después, en medio del fragor de la campaña política, cuando Vargas Llosa llegaba a la casa cansado y furioso porque su cuerpo entero estaba impregnado del odioso pica-pica que inevitablemente hacían llover en cada manifestación, encontró una nota de su amigo Luis Loayza, enviada desde Ginebra, que decía: «un abrazo, sartrecillo valiente.»

Mi conclusión, después de leer este libro abrumador, es que el Perú se perdió de su mejor presidente. Uno que los iba a llevar por caminos liberales y que habría logrado una prosperidad nunca vista antes en América Latina. Pero también fue bueno que así pasara, porque después de la derrota del político, regresó el Vargas Llosa escritor a escribir desde su fracaso estas memorias y muchos libros buenos más. Y yo soy egoísta y prefiero mil veces a un escritor que a un político.

Algunos subrayados del libro

 

«El principio de la redistribución de la riqueza tiene una fuerza moral indiscutible, pero impide ver a sus propugnadores que ella no favorece la justicia si las políticas que inspira paralizan la producción, desalientan la iniciativa y ahuyentan las inversiones. Es decir, si se traducen en un aumento de la pobreza. Y redistribuir la pobreza, o, en el caso de los Andes, la miseria, como hacía Alan García, no alimenta a quienes enfrentan el problema en términos de vida o muerte»

«Las discusiones sobre este tema fueron largas y difíciles. Una economía deformada por prácticas mercantilistas deforma al propio empresario, en quien genera una mentalidad pasiva y dependiente de la protección estatal, una psicología insegura y miedo pánico a la competencia. Tuve tensos encuentros con ensambladores de automóviles, que me visitaron varias veces. La idea de que con la liberalización pudieran llegar al Perú automóviles usados o de bajo precio, los espantaba. ¿Quién iba a comprar un Toyota armado en el Perú cuyo costo era de veinticinco mil dólares cuando se ofrecieran coches coreanos Hyundai a cinco mil? Mi respuesta fue siempre categórica. Si una empresa era incapaz de sobrevivir en competencia con otra extranjera, debía reconvertirse o desaparecer, pues mantenerla, levantando barreras proteccionistas, era ir contra los intereses del pueblo peruano.»

«Los derechos humanos son una de las armas que más eficazmente utiliza el extremismo para paralizar a los gobiernos que quiere derrocar, manipulando a personas e instituciones bien intencionadas pero ingenuas»

«El tema recurrente de mis tres discursos fue: no se sale de la pobreza redistribuyendo lo poco que existe sino creando más riqueza. Para ello hay que abrir mercados, estimular la competencia y la iniciativa individual, no combatir la propiedad privada sino extenderla al mayor número, desestatizar nuestra economía y nuestra psicología, reemplazando la mentalidad rentista, que lo espera todo del Estado, por una moderna que confíe a la sociedad civil y al mercado la responsabilidad de la vida económica».

Conversación interrumpida

Conversación interrumpida. Memorias.

Sebastián Edwards.

Ediciones Universidad Diego Portales, 318 pág.

 

De todas mis lecturas sobre la libertad, las que más disfruté, sin duda, fueron las de aquellas que se declararon conversos. Personas que militaron en el partido comunista o socialista de Chile, vivieron en aquellos años de Allende presidente y, poco a poco, algunos de maneras más trágicas y otros tragicómicas, se dieron cuenta de que estaban parados sobre un gran error conceptual e histórico y cambiaron el sentido de sus ideas. Para ninguno de ellos, en todo caso, fue un proceso fácil.

Sebastián Edwards es uno de esos conversos decepcionados de las ideas de izquierda. Catalogado como uno de los mejores economistas del mundo y sin lugar a dudas el mejor de Chile, Edwards publicó este año un libro en donde repasa su vida y la de su familia durante varios decenios, pasando por ese Chile que estaba dando pasos de gigante en las políticas socialistas y en el que hervían las ideas de izquierda. Este libro está escrito con muy buen humor, prosa elegante y lleno de anécdotas que dan cuenta desde la dura relación que tuvo el autor con su padre, hasta su llegada a la Universidad de Chicago a la ultra famosa escuela de economía cuyo personaje más representativo fue Milton Friedman.

Uno lee a Edwards y le dan ganas de ser economista. Es tan evidente su pasión por la economía que en este libro logra vestirla de elegancia y hasta poesía. Otro gran acierto es el desorden sutil de cada capítulo, que salta de un lugar a otro y del pasado al presente con el mismo capricho con que lo pueden asaltar a uno los recuerdos. Edwards, a pesar de su apellido muy rimbombante en Chile, nació en una familia de clase media, que pasaba las mismas dificultades y vivía la misma normalidad de cualquier otra familia. Sus padres se separaron cuando él apenas era un niño y su padre decidió irse a vivir a una chacra. La relación con el padre fue tensa casi siempre, carente de demostraciones mayores de cariño y con muchos más momentos vacíos que felices. No obstante, Edwards escribió este libro —y el título hace alusión a ello—, porque mientras vivía fuera de Chile, desde donde salió siendo muy joven, entendió que la relación con su padre había estado marcada, sobre todo, por la falta de comunicación y que al final de cuentas lo de ellos siempre fue una conversación interrumpida por el exilio del hijo.

Edwards, al igual que la mayoría de los que hoy son personajes reconocidos públicamente en Chile, tuvo un largo affaire con el socialismo y la izquierda, llegando a trabajar, durante el gobierno de Allende, como jefe en el departamento que fijaba los precios de todos los productos. No obstante, como él mismo cuenta en su libro, ese affaire duró cuatro o cinco años y tuvo su momento de mayor entrega con la admiración a la gesta revolucionaria del Che Guevara y Fidel Castro en Cuba y su momento de mayor decepción cuando Fidel visitó Chile en 1972 y ya Edwards tenía noticias claras y ciertas de la tiranía que ejercía el dictador en la isla.

Aunque tiene muchas anécdotas personales, amorosas y románticas, las más sabrosas son las políticas y fue cuando Edwars se desempeñó como funcionario del departamento de precios (Dirinco) en donde se escribe la que es, a mi juicio, la mejor y más potente anécdota del libro y que demuestra claramente el carácter de ese gobierno que fue un pésimo paso a la izquierda que dio Chile. La reproduzco a continuación:

«En varias ocasiones llegaron los padres de excompañeros del Grange a tramitar nuevos precios para sus empresas. Al verme ahí, creían que yo era uno de ellos, que venía a solicitar un aumento o una licencia. Cuando se enteraban de que yo era parte de la maquinaria del Gobierno y que de mí dependía cómo les fuera en su petitorio, quedaban asombrados, como si fuera imposible que alguien a quien sus hijos conocían apoyara a la Unidad Popular.

Anselmo Palma era un hombre bajo, con la cara salpicada de pecas, modales impecables y un vestir atildado. Era el padre de un compañero de colegio y de una amiga que me gustaba mucho. Trabajaba como gerente de la principal fábrica de té en bolsitas del país. En mayo o junio de 1973 llegó al ministerio para tramitar un alza a su producto. Al verme se sorprendió, pero al mismo tiempo entendió que yo podía ser su aliado y ayudarlo en ese trámite que podía tomar semanas y nunca llegar a buen final. El té era un producto popular que había desaparecido —tanto suelto como en bolsas— del mercado. No era extraño encontrar a señoras de todas las edades haciendo cola frente a almacenes o pequeñas tiendas de abarrotes buscándolo con desesperación. Después de hablarlo con Boris Riedmann, decidimos que este era un caso prioritario y que era necesario hacer un ajuste de precios a la brevedad. Le asigné el expediente a Dagoberto Parra, un funcionario eficiente pero cascarrabias, que aborrecía la idea de que yo, un muchacho de 19 años, pudiera darle instrucciones. En un comienzo todo anduvo bien, hasta que llegó el momento de considerar cuánto costaba el hilito que se usaba para armar cada bolsita. Según Parra, su costo era mucho menor —quizás un décimo— de lo argumentado por la empresa. Este desacuerdo trancó el proceso y una resolución que debiera haber demorado tres días se arrastró por varias semanas. Me pareció absurdo que el suministro de té en todo el país pendiera, literalmente, de un hilo, por lo que decidí que la manera más rápida de solucionar el impasse era agendando un cara a cara entre las partes. Anselmo Palma, con sus trajes ingleses, mocasines de cuero suave y pañuelo de tres puntas en el bolsillo de la chaqueta versus Dagoberto Parra, huraño y malhablado, a menudo sin afeitar y con un conocimiento al detalle de todos los reglamentos del ministerio.

Anselmo Palma llegó preparado. Trajo dos bolsitas y luego de sacar dos tazas y un termo de su cartapacio procedió a hacer una demostración. En uno de los casos el hilo se cortó luego de dos o tres pequeños tirones; en el otro el hilo se mantuvo firme, aun después de usarlo para estrujar la pequeña bolsa contra la cuchara. Una vez terminada la presentación, Palma miró a Parra con aire triunfal. “¿Ve?”, le dijo. “El hilo firme es el que necesitamos, es un hilo importado, proviene de Bélgica. Por eso es mucho más caro que el hilo nacional, débil y de mala calidad, un hilo que, como usted vio, se corta de buenas a primeras”. Dagoberto entrecerró los ojos y bostezó. Se puso de pie y dio un pequeño paseo dentro de mi oficina. Se asomó a la ventana y oteó el Palacio de La Moneda. Al sentarse, miró a Palma y luego a mí. Sacó un paquete de Viceroy de su chaqueta y, sin ofrecernos, encendió un cigarrillo. Dejó escapar el humo con lentitud. Volvió a mirar al empresario y dijo:

—Señor, usted y yo no venimos del mismo lugar. No frecuentamos los mismos establecimientos, ni comemos la misma comida. En mi barrio no nos damos ni cuenta si el hilo se corta o no se corta— De pronto se quedó en silencio, como si algún pensamiento profundo hubiera hecho una súbita aparición en su mente.

—Pero si se corta, la bolsa queda dentro de la taza— dijo Palma—. Es un gran inconveniente. Algo que a las dueñas de casa no les gusta. Es lo que han concluido todos los estudios de mercado.

Parra volvió sobre sí mismo, parpadeó un par de veces y apuntó:

—Señor Palma, esto es lo que nosotros hacemos si se corta el hilo—. Metió la mano en la taza, recogió la bolsita, la estrujó con los dedos y la arrojó sobre mi escritorio. Al caer hizo un ruido suave y amortiguado y creó una aureola húmeda, de color ámbar, sobre un oficio de la Contraloría que nos pedía cierta información sobre una empresa importante. Parra me miró por unos segundos y esbozó una sonrisa de triunfo. Había ganado esa partida. Se puso de pie, estirándose como un gato que recién sale de la casa y se pone al sol. Dijo:

—Es hora de la colación; me voy a almorzar— sin mirar a Palma salió del despacho dando un portazo

La tiranía de la igualdad

La tiranía de la igualdad: por qué el proyecto de izquierda destruye nuestras libertades y arruina nuestro progreso.

Axel Kaiser – Ediciones El Mercurio.

189 pág.

 

Este libro parte como un cuestionamiento que Axel Kaiser realiza a todo el modelo refundacional que surgió con mucha fuerza en Chile durante este segundo gobierno de Michelle Bachelet, y el que se describe y defiende ampliamiente en el libro El otro modelo. El cuestionamiento Kaiser lo hace, como no, desde las más puras ideas liberales clásicas. Aunque los detractores de Kaiser lo ponen al mismo nivel de un simpatizante a muerte de Pinochet, la verdad es que están lejísimos de entender la visión y las ideas de grandes hombres que se opusieron a la tiranía de los Estados controladores y supieron defender con argumentos y pruebas fehacientes la importancia de lo individual por sobre lo colectivo como la mejor forma de prosperar. ¿Tiene esto algo de cruel e insolidario? Para nada. La emocionalidad negativa que genera la defensa del individualismo y las libertades individuales es precisamente el error conceptual. Uno de los puntos fuertes de este libro es precisamente que Kaiser logra demostrar que una sociedad libre es incluso mucho más solidaria y empática.

Axel Kaiser

De todas las ideas que la izquierda tan hábilmente puede sembrar y hacer florecer en una sociedad, hasta lograr que se repitan a coro y sin ser cuestionadas, la de la igualdad es una que resulta particularmente atractiva, por lo fácilmente manipulable desde la emoción y porque cualquiera que diga lo contrario —es decir, que no somos ni tenemos que ser iguales—terminará siendo tachado de monstruo. Kaiser no defiende en su libro a la derecha, muy por el contrario, la critica y acusa de mediocre, puesto que, si las ideas populistas tienen tierra fértil en la sociedad, esto se debe también a esa derecha que, por ser enemiga de la lectura, poco cultivada, muchas veces tramposa y anoréxica culturalmente, se ve incapacitada para actuar en el mismo nivel del populismo: el de las ideas.

El postulado central del libro de Kaiser es claro, pero poco popular en nuestros días: «El problema no es de desigualdad sino de falta de recursos y eso se arregla con economía libre y creación de riqueza, no con su distribución y cosificación masiva.» Cuando nos paramos sobre la idea de la desigualdad, la tendencia es a querer nivelar la riqueza al nivel de la pobreza y no a dar elementos y capacidades a todos para que, por sus propios medios, salgan adelante. Para entender mejor esto, Kaiser hace alusión a un comentario cruel del exministro de educación, Nicolás Eyzaguirre, quien dijo: «Un corredor va corriendo con patines de alta velocidad, el otro va descalzo. El descalzo es la educación pública. Entonces me dicen, ¿por qué no entrenas más, por qué no le das más comida al que va descalzo? Bueno, es que primero hay que bajar al otro de los patines». La idea arraigada en la sociedad de que el rico debe bajarse de los patines y repartir por fuerza o por voluntad su riqueza entre los más pobres, destituyó a la idea de que todos podemos conseguir lo que queramos y que para ello basta con tener la libertad de procurarse los medios, en una sociedad en donde el Estado es solo un árbitro y no el dueño, amo y señor de todo. La libertad económica estimula el crecimiento, el empleo, el progreso, la producción científica y cultural y mantiene a toda la sociedad en estado de alerta: nadie puede echarse a esperar que papá Estado venga a resolverlo todo, y todos sí deben procurarse su bienestar. Además, es el libremercado (o el neoliberalismo, ¡el cuco!) el que desincentiva la corrupción. Otra teoría muy bien argumentada y desarrollada en este libro es precisamente la que demuestra que, cuando se le extienden ilimitados poderes al Estado, o se busca que este se haga cargo de todo, se sientan las bases para la corrupción y el robo, puesto que el poder político y el empresarial terminan amangualándose para monopolizar; Kaiser explica de forma muy didáctica la diferencia entre quienes defienden la libertad, o son pro-libertad, y quienes simplemente defienden al mercado. Las sociedades que apuestan por la libertad, por otro lado, motivan y potencian el respeto del otro, no importa su condición sexual, sus creencias religiosas y su condición económica.

Kaiser es abundante en citas, referencias a otros libros y renombradas investigaciones e investigadores. Pero lo más valorable es lo mucho que se nota que, para argumentar las fuertes críticas que hace al comunismo, al populismo, al socialismo del siglo XXI y al modelo refundacional en Chile, Kaiser buceó y estudio en profundidad toda la literatura política y económica que sustenta las ideas más clásicas de la izquierda, desde Rousseau hasta Gramsci.

Algunos subrayados del libro

«El problema es que la doctrina que separa al individuo de su voluntad y de su interés pretendiendo que existe una autoridad que sabe mejor que él cuál es su interés y que por tanto puede imponérselo desde el Estado, contiene los gérmenes del autoritarismo y del totalitarismo.»

«Podrá darle rabia a los socialistas que haya gente andando en Ferrari o vaya a buenos hospitales, pero así como los católicos están obligados a tolerar parejas homosexuales aunque no les guste y los musulmanes deben tolerar las caricaturas del profeta Mahoma, los socialistas están obligados a tolerar que los demás gasten lo que les pertenece como se les antoje.»

«Cuando Mao Tse Tung murió en septiembre de 1976, el 66% de los 1.200 millones de chinos vivían con menos de un dólar al día (un dólar al día es la definición de pobreza extrema que la Organización de las Naciones Unidas utilizó para declarar los objetivos del milenio en el año 2000). Un par de años después, su sucesor Den Xiao Ping introdujo el capitalismo como sistema económico en lo que, hasta el momento, había sido un país socialista-maoista. Después de cuatro décadas de economía de mercado, el porcentaje de chinos que vive por debajo del umbral de la pobreza es de menos del 0.3%. Cuando murió Mao, había 615 millones de ciudadanos pobres en su país. De ellos, un total de 612 millones de personas han dejado de ser pobres gracias a que el sistema económico ha cambiado»

El engaño populista

El engaño populista. Por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos.

Axel Kaiser – Gloria Álvarez

Ediciones El Mercurio, 260 pág.

 

 

Cualquier izquierdista que lea este libro dirá, no sin razón, que la junta de Gloria Álvarez y Axel Kaiser para escribir en contra del populismo y a favor de la libertad es como cuando se juntan el hambre con las ganas de comer.

 

Gloria Álvarez se hizo famosa en Iberoamérica por sus ideas libertarias y su defensa de la República, luego de su discurso en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud, en Zaragoza, España, en 2014. Por lo menos muchos la conocimos gracias al video que se masificó, aunque la carrera de Gloria como activista libertaria data desde mucho antes del famoso discurso.

Axel Kaiser es el director de la Fundación para el Progreso, autor del libro La tiranía de la igualdad —de muchísimo éxito en Chile— y uno de los pensadores liberales más importantes de Chile, por lo menos en la actualidad.

Era inevitable que, con ideas y carreras tan similares, ambos terminaran escribiendo este libro que se transforma en un documento para cualquiera que busque entender el pensamiento liberal y la catástrofe que ha significado el populismo para Latinoamérica, en todas las formas que este se presenta: comunismo, socialismo, socialdemocracia e incluso en la misma derecha.

El engaño populista está estructurado en tres partes o capítulos. En el primero, los autores diseccionan con mucho juicio las ideas populistas, ancladas en gobernantes y políticos de cualquier ideología, sea esta de derecha o de izquierda. Hacerlo no representó dificultad porque ambos son lectores disciplinados y acuciosos tanto de los autores más representantes del liberalismo clásico, como de los pensadores que sentaron las bases de las ideas de izquierda y populistas. No podemos hablar de objetividad en este libro, porque los autores son honestos desde un principio: su objetivo es demostrar que las naciones que han prosperado en algún momento de la historia y las más prósperas el día de hoy, lo han logrado gracias a la puesta en práctica de las ideas liberales: libertad del mercado, restricción del proteccionismo y limitación absoluta de la intervención del Estado. Con respecto al Estado, los autores dejan en claro que a este solo le compete garantizar tres cosas básicas para cada individuo: su derecho a la vida (seguridad), su libertad y su derecho a la propiedad privada. Es poco menos que una herejía hablar de que el Estado solo debe garantizar estos derechos, cuando las sociedades —especialmente las latinoamericanas— le exigen otros muchos más: la salud, la educación, la vestimenta, la vivienda, etc. Una buena parte de este capítulo se dedica a demostrar que la gratuidad de cualquier cosa es una ilusión desde el punto de vista de la economía, como lo son los derechos sociales, pues detrás de la mentira de la gratuidad está la realidad de que, para hacer posible algo gratis esto inevitablemente se consigue privando —o exigiendo privarse— a alguien más de algo. Ese alguien puede ser una empresa y ese algo pueden ser sus utilidades. En este capítulo los autores, además, entierran todos los mitos que rodean a la palabra neoliberalismo, el ‘cuco’ preferido por los populistas.

 Gloria Álvarez y Axel Kaiser

El segundo capítulo está dedicado a entender cómo las ideas populistas han calado tan hondo en las sociedades, hasta el punto de que ser un libertario, el día de hoy, es solo sinónimo de ser facho o casi un monstruo. No son casuales las formas de impregnación del populismo, desde los intelectuales que han buscado calorcito en la fogata que encienden las ideas de Marx, Engels y Gramsci entre otros, hasta el mismo papa Francisco, quien ha demostrado un claro rasgo populista, la sociedad se ha ido sumiendo en una hegemonía cultural del populismo. ¿Es malo esto? Sí, en la medida en que todas las ideas contrapuestas son ahogadas, o llevadas a extremos que hacen parecer unos desgraciados a quienes las profesan. Uno de los análisis importantes de este capítulo es sobre el éxito que tienen las ideas populistas y su capacidad de calar en las sociedades y llevar a las personas a darles el poder a través de sus gobernantes, éxito que radica en la idea extendida, durante varios decenios, de que somos lo que somos debido a que somos víctimas. La victimización, famosamente ilustrada por Eduardo Galeano en la frase inicial de su libro Las venas abiertas de América Latina, se ha extendido en todos los ámbitos: somos pobres porque otros son ricos, no nos podemos educar porque otros sí pueden y así, hasta alcanzar el epítome de las victimizaciones modernas, esa que nos hace presas del monstruo: el imperialismo gringo.

En el tercer capítulo, mi favorito, los autores proponen cómo rescatar a nuestras repúblicas. No hablan de rescatar Estados, ni naciones, ni países, sino “Repúblicas”, un término bastante desconocido el día de hoy, porque lo han reemplazado, en una confusión dramática, otros términos y el más poderoso de todos, quizás, sea Estado. Acá es donde los autores se lucen con ideas bastante potentes. Mi preferida, de todas, es esa que propone restaurar en las sociedades, a través de la educación responsable de los individuos, el debate a través de argumentos, de ideas, de lecturas. Desistir de la emocionalidad que ha sido protagonista de las ideas populistas, desistir de la descalificación del otro por lo que tiene y no tiene, y concentrarse en las ideas. Las personas necesitan, por ejemplo, comprender mejor cómo funciona la economía de un país cuando el Estado debe hacerse responsable de todo, comprender la importancia de que su prioridad como individuos y no dejarse anular en el colectivismo es justamente el primer paso para una crear una sociedad más justa y, la más importante a mi modo de ver de todas las ideas de este libro: que la igualdad que se debe perseguir no es la material, sino la de oportunidades: todos debemos tener las mismas oportunidades —igualdad ante la ley— para, por nuestro propios medios, como individuos, con total libertad, construir la sociedad que esperamos.

Algunos subrayados del libro

«Nadie que haga una revolución en la historia ha llegado al poder para después dejarlo. Y ningún revolucionario ha legado a su sociedad una situación mejor que la que destruyó»

«El uso de la etiqueta ‘neoliberalismo’ es así una estrategia política para desprestigiar lo que en realidad se hizo en Chile, y que fue introducir un sistema de libre emprendimiento inspirado en ideas liberales clásicas que creen en la capacidad de las personas para salir adelante»

«A lo sumo se puede decir que el populismo socialista ha logrado cierta igualdad, pero una igualdad en la miseria»

Diálogo de conversos

Diálogo de conversos

Roberto Ampuero – Mauricio Rojas

Penguin Random House, 327 pág.

 

Un día de septiembre de 2014, Roberto Ampuero le escribió una carta a Mauricio Rojas invitándolo a que se conozcan. Las vidas de ambos habían tenido desarrollos muy similares, sobre todo en lo político, desde sus respectivas militancias en la izquierda, hasta su conversión al liberalismo.

La invitación se hizo realidad y Roberto Ampuero recibió a Mauricio Rojas en su casa de Olmué, una agradable ciudad al interior de la V Región de Chile (Región de Valparaíso). Allí, en el que Roberto Ampuero llama su Jardín de Epicuro y al pie del cerro La Campana —uno de los más bellos de Chile, sin duda—ambos hombres encendieron el tren de la memoria, comenzando en la estación de la Revolución, por allá en los años sesenta y terminando el trayecto en la estación de la actualidad, en el Chile del segundo gobierno de Bachelet que echó a andar la retroexcavadora.

Conversar es evocar en este libro. Ampuero comenzó como militante en las Juventudes Comunistas y Rojas se enroló en el MIR. Ambos tuvieron un entrenamiento para la revolución, pero el de Rojas fue más extremo. La familia de Ampuero no era precisamente comunista, pero la mamá de Rojas era militante socialista y marxista. En lo que ambos coinciden es que entregaron esos años de su juventud a luchar por un ideal con las mejores intenciones, creyendo que, con su lucha, con su militancia, con el conocimiento profundo de Marx y la aplicación de sus teorías estaban allanando el camino a un Chile más justo.

Mauricio Rojas y Roberto Ampuero

Sobre todo lo que los autores conversan y de los muchos temas que hablan, mis instantes favoritos de este libro son aquellos en los que ambos reconocen, con la valentía que se requiere para el caso, el enorme error que fue ese momento cumbre de la izquierda chilena en los años sesenta y su visión —que resultará estrafalaria y hasta hereje para más de uno— sobre la responsabilidad real de todos esos grupos de izquierda y sus respectivos militantes, en la nefasta consecuencia del auge de las ideas políticas de la izquierda en Chile, es decir, el golpe de Estado. Ambos coinciden en que lo que se vivió en esa época de la UP fue un clima de odio sin ninguna explicación plausible. Odio porque sí y ya. Aceptando que son injustificables las atrocidades que se cometieron durante la dictadura y aceptando que ninguna forma de coerción tiene cabida en las sociedades, Ampuero y Rojas reconocen lo que la izquierda chilena se ha negado durante años a aceptar: que sus acciones construyeron el desfiladero por el que Chile comenzó a hundirse y gestaron la respuesta reaccionaria de la ultraderecha.

Mauricio Rojas lo dice así: «Nosotros terminamos creando el monstruo que luego nos devoraría y esa es la gran responsabilidad que la izquierda chilena, con pocas excepciones, nunca ha tenido el coraje de sumir plenamente. Sí, nosotros estuvimos en primera línea en la obra de destrucción de la democracia chilena y luego vinieron los tanques y los generales para concluir, de manera bárbara, lo que nosotros habíamos iniciado»

Este libro es el repaso que dos voces honestas hacen de esa historia de Chile de antes y después de la dictadura. De sus huidas al exilio para darse cuenta de lo equivocados que estaban y empezar a reconstruir sus propias ideas y su propio camino, sin la presión de un partido. La cuestión era esa, a mi modo de ver: todos los que militaron en los distintos partidos de izquierda en Chile profesaban, más que una ideología, una filiación partidista que los anulaba como individuos, algo de lo que ambos autores dan amplia cuenta a través de las muchas anécdotas que cuentan.

Ampuero vivió en el corazón de los socialismos, primero en Cuba, de donde tuvo que salir porque no resistió más ese clima de opresión, para luego ir a la RDA, a donde llegó para pronto desear escapar al mundo libre cruzando el muro. Mauricio Rojas terminó en Suecia, desafiando todas sus creencias, que le venían de cuna y demostrando a través de sus propias tesis que Marx incurrió en numerosos errores que luego acabarían siendo replicados por gobernantes megalómanos. Uno de los momentos más tristes de la conversación es cuando Rojas cuenta cómo su mamá, después de leer la tesis en donde desarticula por completo al marxismo, le grita que le ha destruido la vida.

En la última parte del libro ambos autores conversan sobre sus ideas actuales, las que han venido desarrollando desde su conversión. Es una delicia leer sobre la importancia de la libertad en una sociedad, las experiencias en el mundo libre que tuvo Ampuero después de vivir la condena socialista y la carrera de Rojas hasta llegar a ser miembro del parlamento sueco.

Algunos subrayados del libro

De Mauricio Rojas:

«Así es y esa es la gran lección del desarrollo histórico: libertad y prosperidad van juntas porque la condición de una mayor prosperidad es la capacidad humana de crear cosas e ideas nuevas, de aventurarse en lo desconocido, de probar nuevos caminos, y eso se llama libertad»

 

«La verdad es que la izquierda de hoy es más un ‘antialgo’ —el capitalismo, la globalización, el neoliberalismo, el materialismo, el comercialismo, etcétera— que un ‘por algo’.»

De Roberto Ampuero:

«El retrovisor como mirada de futuro no conduce al futuro. A lo más te lleva a extraviarte o chocar»

«Los chilenos somos inmediatistas, es decir, vivimos instalados en el presente, carecemos de conciencia histórica y no leemos historia chilena, y sospecho que no tenemos conciencia clara de la historia más reciente»

«El fondo, el quid de la cuestión vuelve a lo siguiente: si se trata de enseñar a pescar a las personas o si el Estado regala los pescados, si reparamos y renovamos la estructura existente o la derribamos con retroexcavadora para construir una nueva y desconocida.»

Subrayados (de Luis)

Los otros subrayadores

Por: Luis Riveros P.

CANCIÓN DEL SOLITARIO

Cargado de armonía está el vuelo de los pájaros. En las praderas cristalinas de los ciervos, los verdes 

           bosques se reúnen al atardecer en torno a cabañas silenciosas.

La oscuridad hace más tenue el murmullo de las aguas. Vienen húmedas sombras

y, melodiosas en el viento, vienen también las flores del verano.

Ya anochece en la frente del hombre pensativo y una llama de bondad arde en su corazón.

Es la paz de la cena: el pan y el vino están benditos por las manos de Dios

y, en silencio, con sus ojos nocturnos, tu hermano te mira y descansa de los caminos espinosos.

Ah vivir en el azul y en el espíritu de la noche.

En las habitaciones, el silencio rodea con amor las sombras de los antepasados,

los martirios purpúreos, el lamento de una estirpe

que, piadosa, se extingue en el descendiente solitario.

En el umbral de piedra el enfermo despierta de los negros instantes de la locura

y le rodean la frescura azul, el luminoso final del otoño,

el sosiego de la casa y las leyendas del bosque.

Ésta es la medida y la costumbre, así son los caminos lunares

de quienes se retiran a las cercanías de la muerte. ~

Georg Trakl – Tomado de la revista LETRAS LIBRES


Entierro de un hombre fallecido por covid-19, en el cementerio de La Almudena de Madrid en septiembre…resuena en nuestros oídos, una y otra vez, la letanía de cifras: cada día engullimos la cotidiana ración de estadísticas…

En la literatura de nuestros antepasados, palpita un sentimiento muy diferente hacia el duelo. La Ilíada se detiene con emoción y temblor ante cada muerte. Cuando un guerrero cae desplomado, encuentra siempre en Homero un homenaje, una pausa apesadumbrada. Nadie desaparece, por minúsculo que sea su papel en la epopeya, sin que se pronuncie su nombre, sin que se diga, al menos, que era amado, sin que una voz recuerde sus talentos y esperanzas. Un joven que posee el don de la adivinación no ha sabido anticipar su propia agonía, un día de primavera, ante las murallas de Troya. Aquel admirado jinete nunca volverá a galopar a lomos del caballo que, ansioso, aguarda su regreso a casa. Una niña espera a su padre, veterano combatiente, ignorando que ya no lo abrazará más. En el fragor de la tragedia, el viejo poeta sabe que cada muerte es única porque cada vida es irreemplazable. Homero jamás ofrece cifras de las bajas en combate: relata con aliento conmovedor la pequeña historia de cada pérdida, condensa en una frase el fugaz destello de su singularidad. En lugar de sumar, llora.

Irene Vallejos – Tomado de El País


RAÍCES

Estoy metida en la noche 

de estas raíces amargas,

ciegas, e iguales en pie

que como ciegas, son hermanas.

Sueñan, sueñan, hacen el sueño

y a la copa mandan la fábula.

Oyen los vientos, oyen los pinos

y no suben a saber nada.

Los pinos tienen su nombre

y sus siervas no descansan,

y por eso pasa mi mano

con piedad sobre sus espaldas.

Apretadas y revueltas,

las raíces alimañas

me miran con unos ojos 

de peces que no se cansan;

preocupadas estoy con ellas

que, silenciosas, me abrazan.

Abajo son los silencios.

En las copas son las fabulas.

Del sol fueron heridas

y bajaron a esta patria.

No sé quién las haya herido

que al rozarlas doy con llagas.

Quiero aprender lo que oyen

para estar tan arrobadas.

Paso entre ellas y mis mejillas

se manchan de tierra mojada.

Gabriela MistralPoema de Chile


ALGUNOS AFORISMOS DE LICHTENBERG

1. He notado claramente que tengo una opinión acostado y otra parado.

2. Los hombres más sanos, más hermosos y mejor proporcionados son quienes están de acuerdo con todo.En cuanto se padece un defecto se tiene una opiniónpropia. 

3. Narra el señor Camper que cuando un misionero lehabló del infierno a una comunidad de groenlandeses,hizo tal descripción de las llamas amenazantes y se refirió tanto a su calor que todos empezaron a anhelarlo.

4. Les entrego este libro, no como unos binoculares paraver a los demás, sino como un espejo para que se veanustedes.

5. Del berrido del niño surgió el idioma como de la hojade parra un vestido de gala francés.

6. Había desbordado su biblioteca como se desborda unchaleco. Las bibliotecas pueden ser demasiado estrechas o demasiado amplias para la mente.

7. Aquello tuvo el efecto que por lo general tienen losbuenos libros. Hizo más tontos a los tontos, más listos a los listos y los miles restantes quedaron ilesos.

8. Que el hombre es el ser supremo también se deduce deque ningún otro ha tratado de refutarlo.

9. En verdad hay muchos hombres que leen sólo para nopensar.

10. No cesaba de buscar citas: todo lo que leía pasaba de un libro a otro sin detenerse en su cabeza.


Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Historias de Cronopios y de Famas – Julio Cortázar


Otro retrato: nunca había recibido regalos. Además, ella no necesitaba de mucho. Pero un día vio algo que por un pequeño instante codició: un libro que el Señor Raimundo, dado a la literatura, había dejado sobre la mesa. El título era Humillados y ofendidos. Se quedó pensativa. Tal vez se había encontrado definida, por primera vez, en una clase social. ¡Pensó, pensó y pensó! Llegó a la conclusión de que en verdad jamás nadie la había ofendido y todo lo que sucedía era porque las cosas son de esa manera y no había lucha posible. ¿Para qué luchar?

Me pregunto: ¿conocería algún día el amor y sus adioses? ¿Conocería algún día el amor y sus desmayos? ¿Tendría a su modo el dulce vuelo? No lo sé. Qué debe hacerse con la verdad de que todo el mundo está un poco triste y un poco solo. La nordestina se perdía en la multitud. En la plaza Mauá, donde tomaba el ómnibus, hacía frío y no había ningún abrigo contra el viento. Ah, pero existían los barcos cargueros que le daban nostalgias quién sabe de qué. Eso sólo a veces. En verdad, salía de la oficina sombría, se enfrentaba al clima de afuera y constataba entonces que todos los días a la misma hora era exactamente la misma hora. El gran reloj que funcionaba en el tiempo era irremediable. Sí, para mí desesperación, las mismas horas. Pero bien, ¿y entonces? Entonces nada. En mi caso, autor de una vida, no me llevo bien con la repetición: la rutina me aparta de mis posibles novedades.

La hora de la estrella – Clarice Lispector


¿El inicio que más la conmueve?

Un poema de Safo, que empieza: «Otra vez me sacude Eros, el que hace languidecer los cuerpos / agridulce, indomable, animal oscuro».

¿Y el final?

La famosa frase final de ‘El gran Gatsby: «Y así avanzamos, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado». Describe esa extraña máquina del tiempo que son los libros, capaces de trasladarnos al pasado y al futuro, a los paisajes de la memoria y los sueños.

¿Tiene un personaje favorito de ficción? ¿O varios?

Me fascinan los personajes inadaptados, extranjeros, fronterizos, como la protagonista de las ‘Memorias de una enana’, de Walter de la Mare. O las sirenas, desde Homero hasta el mascarón de proa que aparece en ‘El tambor de hojalata’, de Günter Grass.

Extracto de una entrevista a Irene Vallejos


Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú? Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo de Wilson voceando los diarios de la tarde y él echa a andar, despacio, hacia la Colmena. Las manos en los bolsillos, cabizbajo, va escoltado por transeúntes que avanzan, también, hacia la Plaza San Martín. El era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál? Frente al Hotel Crillón un perro viene a lamerle los pies: no vayas a estar rabioso, fuera de aquí. El Perú jodido, piensa, Carlitos jodido, todos jodidos. Piensa: no hay solución. Ve una larga cola en el paradero de los colectivos a Miraflores, cruza la Plaza y ahí está Norwin, hola hermano, en una mesa del Bar Zela, siéntate Zavalita, manoseando un chilcano y haciéndose lustrar los zapatos, le invitaba un trago. No parece borracho todavía y Santiago se sienta, indica al lustrabotas que también le lustre los zapatos a él. Listo jefe, ahoritita jefe, se los dejaría como espejos, jefe.

Conversación en La Catedral – Mario Vargas Llosa


Dios bendiga a Hernán Rivera Letelier, Dios bendiga su cursilería, su sentimentalismo, sus posiciones políticamente correctas, sus torpes trampas formales, pues yo he contribuido a ello. Dios bendiga a los hijos tarados de García Márquez y a los hijos tarados de Octavio Paz, pues yo soy responsable de esos alumbramientos. Dios bendiga los campos de concentración para homosexuales de Fidel Castro y los veinte mil desaparecidos de Argentina y la jeta perpleja de Videla y la sonrisa de macho anciano de Perón que se proyecta en el cielo y a los asesinos de niños de Río de Janeiro y el castellano que utiliza Hugo Chávez, que huele a mierda y es mierda y que he creado yo.

El gaucho insufrible – Roberto Bolaño


Nuestra ciencia pardigmática
Luego de varios años de ignorancia cosmológica
no muchos
pero se hicieron largos
hoy día estamos más o menos como al principio
el universo es un huevo
hay principio y hay fin
todo va a desaparecer
(peor que antes, como abajo detallaremos
porque no hay siquiera un par de tortugas que sostenga el huevo)
El meollo del asunto es la partícula subatómica
a la que no veo que lleguemos a imaginarnos
esa no es la idea del colegio
nos imaginamos algo muy chico
pero algo chico es un ratón
un pájaro, un cerro chico
un piojo por último
algo chico es algo que se compara con algo
una partícula subatómica no tiene comparación
ese pedazo de nada lo trastorna todo.
Porque hasta el átomo el Renacimiento era posible
la Ilustración
el Socialismo era posible
la democracia de libre mercado era posible
el socialismo de libre mercado era posible
el amor a la sabiduría era posible
y también era posible estar loco
con la partícula subatómica es distinto
los más inteligentes se hicieron católicos de nuevo
pero en general a la mayoría les quedó la zorra
el universo prácticamente se creó ex – nihilo
ni siquiera era una partícula
y de repente dicen que explotó
(y ‘de repente’ está mal dicho, porque tiempo tampoco había)
así no más, de repente dicen
y que hasta se escucha todavía
que lo tienen grabado y todo
una tremenda explosión
¿de qué? de algo que ni siquiera era una partícula
y ahí están los planetas y soles
las tremendas distancias entre unos y otros
el agua que es hielo, nieve y nube
(cuando no escarcha, o granizo, garuga, etc)
ahí está la flor que deja su néctar al insecto
y de contrabando le llena las patas de polen
ahí la micro que dobla la esquina y atropella un cabro chico.
Todo ex – nihilo
hasta el tiempo y el espacio mismos
(idea contra la cual Newton luchó toda su vida)
Y la teoría dice que después de la expansión
el universo se aprieta de nuevo
y ni el tiempo queda
o sea que volvemos a la teoría de la creación y el juicio final
pero sin edén, sin árbol, culebra ni manzana
sin caída, sin un cristo que nos salve
sin ángeles con trompetas ni muertos levantándose por todas partes
ni las estrellas cayendo como nieve
y deshaciéndose poco antes de llegar a tierra
según un sueño que tuve hace varios años
(otra vez soñé que llovían neumáticos)
Y también sin que ni remotamente un solo ser viviente
pueda presenciar el fin del universo
con lo importante que éste ha sido
para la religión, la poesía, la ciencia
y la filosofía de todos los tiempos
Esta idea tan estilizada
al igual que su dramática versión antigua
impregna de irrealidad cuanto pongamos a tiro de los sentidos
díganme que no
Yo siento que nos deja un vacío caballo
incluso cuando parecemos más lejos de su aniquiladora influencia:
borrachos pasados mirando un techo sin saber de qué casa
o en medio de un partido importante
o en medio de un acto sexual nos arrebata
(A mí por ejemplo casi siempre que veo la lagartija
casi siempre que corre, se detiene
levanta entrecortadamente la cabeza, y sigue corriendo)
Tantas cosas que hay y que vinieron de una que ni siquiera era cosa
qué seremos en este universo que más parece una chispa
frutos del encuentro casual de un espermio y un óvulo
en una trompa de falopio
parecemos chiste surrealista
sólo para morir hemos nacido
sin el consuelo de dejar rastro en el mundo
porque no habrá mundo en que dejarlo
Porque antes uno podía abrir los ojos y decir
nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir
y esto era penoso claro, pero edificante
una ducha helada espiritual
Y aún antes, como sugería más arriba
uno podía preguntar por lo que sostenía el universo
«dos tortugas» te decían
y quedaba tranquilo uno
porque las tortugas son animales muy pacíficos
Pero ahora no sólo no caben las tortugas
sino que en el fondo en el fondo no hay vidas
no hay ríos, no hay mar
ahora en el fondo no hay quién escriba este poema
ni tampoco quién lo lea
A lo mejor del oriente venga una respuesta, no sé
En todo caso, dicen los superficiales eternos
no hay que preocuparse todavía
porque recién nos estamos expandiendo.

Antología precipitada, Adán Méndez


HACE FRÍO
Hay que tener paciencia con el sol
hacen cuarenta días
que no se le ve por ninguna parte.
Los astrónomos yankees
examinan el cielo con el ceño fruncido
como si estuviese lleno de malos presagios
y concluyen que el sol anda de viaje
por los países subdesarrollados
con las maletas llenas de dólares
en misión de caridad cristiana.
Y los sabios soviéticos
-que están por lanzar un hombre a la luna-
comunican que el sol
anda por los imperios coloniales
fotografiando indios desnutridos
y asesinatos de negros en masa.
¿A quién,
a quién le podemos creer?
Al poeta chileno
que nos pide
tener paciencia con el pobre sol!
Él estaría feliz de brillar
y de tostar los cuerpos y las almas
de los bañistas del hemisferio norte
-especialmente los muslos de las muchachas
que todavía no cumplen los veinte-
para eso fue hecho
le encantaría calentar la tierra
para que brote el trigo de nuevo,
pero las nubes no le dejan salir.
el no tiene la culpa de nada:
Hay que tener paciencia con el sol.

NICANOR PARRA. CANCIONES RUSAS. 1964-1967

VÍA LÁCTEA
Le salía leche de los pechos
le salía leche que bajaba por su cuerpo
en arroyos de indecible blancura

Le salía leche que fluía por su vientre
le mojaba los pies
y se escurría por debajo de la puerta

Era un río de leche que corría por la calle
atravesaba el barrio de Santa Cruz
y llegaba a la plaza de doña Elvira

Era leche que subía por los árboles
ascendía a los cielos
y se desparramaba en la bóveda infinita
eran grumos de leche que brillaban en el firmamento.

ÓSCAR HAHN

 
KELU

Finalmente, María Teresa habló de Kelu, su única hija mujer: una enana café.
Durante años, astrónomos y científicos de todo el mundo estuvieron tratando de ver una de estas enanas cafés, pero fue Ruiz, accidentalmente, la primera persona que se encontró con una. Esto ocurrió un día del año 97, mientras la astrónoma trabajaba en otro tema en el observatorio La Silla. De pronto, algo raro apareció en el telescopio. Era un objeto extraño, en el que la científica reconoció una línea de litio. Este elemento se destruye con las reacciones nucleares, con el calor, entonces se esperaba que las enanas cafés, como no tenían reacciones nucleares en su corazón, pudieran conservar el litio original del Big Bang. Así, Ruiz supo que era una enana café y para nombrarla buscó en un diccionario mapuche la palabra “rojo”. La astrónoma contó que fue un momento muy emocionante:
“La felicidad de ser el primer ser humano que ve algo por primera vez, es un gran privilegio. No lo puedo achacar a algo que yo haya hecho, porque fue ella, Kelu, la que me hizo señas, yo no la estaba buscando (…) soy una privilegiada, pues Kelu me escogió a mí para darse a conocer.”
EL COMIENZO
Y así habría comenzado todo, me digo,
mientras acaricio tu cara me acerco a la
ventana de mi cuarto: afuera el cielo de
15 mil milones de años afuera e cielo de
las estrellas extinguidas afuera eñ amanecer
de miles de millones de años cuando
comenzó todo.
Toco tu cara, pequeña hija, o lo que será el
recuerdo de ella expandiéndose como el cielo
de 15 mil millones de años atrás cuando,
de golpe se inició todo. Tu piel es el cielo,
me digo tú tienes pocos años y es la misma
ancianidad infinita, el mismo sueño el dolor la
abrupta maravilla del huevo que comienza.

RAÚL ZURITA

LAS ESTRELLAS MUEREN
Cuánto dolor
ha de estar
difuso
en ese espacio infinito
lejano y nuestro

cómo no pensar
que la muerte de una
estrella
es algo más que un
desplome
donde la materia
busca su centro
y se acurruca sobre si
misma

en un arrebato
gravitatorio
deja ir
por puro amor filial
su producción más
íntima
alimento matriz
de la siguiente estrella
su hija

pero
¿escuchó alguien, acaso,
el grito de dolor
de una estrella que
muere?
¿alguien oyó
el bramido de mil bocas
luminosas
antes del silencio?
MARGARITA SCHULTZ

Todos los textos anteriores están y tomados del libro Desde Chile un cielo estrellado, lecturas para fascinarse con la astronomía, María Teresa Ruiz (compiladora)


«Al que está enamorado de sí mismo, su amor le ofrece la ventaja de que no llegará a tener muchos rivales»(H31)

«Hay un refrán inglés que dice: Es demasiado necio para ser loco. En él hay una observación muy fina.» (KA231)

«Cada vez que tenía que utilizar su inteligencia se sentía como alguien que acostumbrado a usar siempre su mano derecha, de pronto tuviera que hacer algo con la izquierda»(B1)

«Los relojes de arena no sólo recuerdan la veloz huida del tiempo, sino también el polvo en el que alguna vez nos convertiremos»(C27)

«El otoño, que devuelve una a una a la tierra las hojas que esta le prestó al verano»

Aforismos, Georg Christoph Lichtenberg


«Otra vez volvió de nuevo furiosa, ya no lloraba, había decidido ponerse abiertamente en pelea contra el cura y el cura contra ella. El cura le había criticado su comportamiento escandaloso; a partir de las seis de la tarde en la agencia se reunían todos los hombres solos de Guateque…Se sentaban en las bancas de la agencia y allí se ponían a discutir de política, de mujeres, a recitar poesías, a cantar, a criticar a los curas y a veces las risas eran tan fuertes que el cura, que vivía del otro lado de la plaza, decía que no podía dormir; esas reuniones duraban hasta las nueve y diez de la noche, hora absolutamente escandalosa para un pueblo como ese. Y el hecho que al centro de esas reuniones estuviera ella como única mujer ponía al cura en candela y se propuso hacerle la guerra. Un día de un procesión en la plaza, el cura tuvo el valor de salir de la procesión dar la zancada para subir al andén y entrar a la agencia del chocolate con la cruz en la mano y un balde de agua bendita que lo derramó todo en el piso, echando bendiciones para que el Diablo saliera de la agencia. Esa acción pública del cura era el último grano que faltaba para que la Srta. María fuera definitivamente repudiada por la familias bien del pueblo…»

Carta número 5

Memoria por corrrespondencia, Emma Reyes


Resurrección de los patios Traseros

(A M O R I I I)

AMOR

Se besan frente al Crowne Plaza
se besan en Matucana con Alameda
no miran boutique,
felices ellos, los del patio trasero;
encuentran una radio a pilas
se escucha la Colo-Colo
y se besan se besan
“Lucho, me cuida cuando enfermo,
Lo amo tanto, tanto
que dejé hasta el neoprén”
Cuando regresan, la toma de la cintura
le indica el lugar donde hará un huerto,
dejan la radio sobre un cajón,
ella baila
él se recuesta entre las mantas;
mira el techo de nylon
Por entre los agujeros,
Dios le guiña un ojo.

La Manoseada, Sergio Parra


«¿Por qué la gente sigue considerando el autoritarismo como la única manera de ejercer la autoridad?

El libro intenta decir que existe una especie de fantasma social que nos toca a todos, y es el miedo a los subordinados. Creemos que la única manera de ejercer autoridad es ser autoritarios porque permanentemente aparece ese fantasma que nos dice que el otro está a punto de desbordar tu autoridad y de hacer evidente que en realidad eres incapaz de ejercerla. Ese fantasma está en todos los niveles sociales, en la política, en la escuela y en el trabajo. El miedo a los subordinaos es la contracara del temor a la autoridad y la suposición de que voy a ser abusado por mi superior»

Kathya Araujo

Entrevista a propósito de su libro El miedo a los subordinados

Diario LA SEGUNDA, viernes 14 de octubre 2016.


LXVII

Para la melodía “El dolor de la añoranza”

Una vez más, un ocaso amarillo
Inunda mi profundo patio.
Una vez más escribo los mismos
Versos tristes en un papel
Hermosos. Una vez más mi lámpara
Otoñal. Arde con los mismos
Sueños. Anoche silbaba el viento
Y llovía. Esta noche será
Igual. Sonarán las gotas hasta
Que el cielo vuelva a estar
Claro. El sonido de la lluvia es
Tan triste, que a partir de
Ahora voy a plantar menos plátanos.
Los grillos, congelados, han
Entrado y cantan bajo la escalera.
Allende los cristales de la
Ventana hay otros que cantan para
Entrar. Tras la pared, se oye
El mismo canto una y otra vez.

Wu Tsao
(Siglo XIX)


“-¡Te sorprenderá! Estos consultores, que utilizan los más importantes métodos americanos, dicen que las palabras son importantes. En Birmingham y en Glasgow ni uno solo de los trabajadores recibió una nota de despido no queremos que se sientan despedidos. Los descontratamos. Los desvinculamos. Los desplazamos. No estarán parados, estarán disponibles.

-¡Eso es añadir la burla al daño!

-Puede que tengas razón. Tampoco a mí me acaba de gustarme lo de descontratar -concedió Norton rápidamente-. Lo dejo en tus manos . Puedes ser tan educado y amable como quieras. Tienes total libertad para utilizar las expresiones que prefieras, mientras los eches.

-¡Gracias!

-Y, naturalmente. Seguridad tendrá que escoltarlos hasta la calle.

-¿Es que quieres sacarlos del edificio como a criminales?

-Los consultores dicen que actualmente es el procedimiento normal.”

El hombre del toque mágico, Stephen Vizinczey


«El único -y acaso el último- poema que se conserva de Adriano,

Animula vagula, blandula
Hospes comesque corporis,
Quae nun abibis in loca
Pallidula, rígida, nudula
Nec, ut soles, dabis iocos…

“Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño”, cierra esta monumental meditación sobre el misterio humano (Las memorias de Adriano). A lo que Marguerite Yourcenar, monumental ella misma por la dimensión de su obra y su pensamiento, agrega simplemente: “Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver…Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…»

Tomado de:

Hallazgos y desarraigos, Mauricio Wacquez


Un hombre

La madre de un hombre está gravemente enferma
Parte en busca del médico
Llora
En la calle ve a su mujer acompañada de otro hombre
Van tomados de la mano
Los sigue a corta distancia
De árbol en árbol
Llora
Ahora se encuentra con un amigo de juventud
¡Años que no nos veíamos!
Pasan a un bar
Conversan, ríen
El hombre sale a orinar al patio
Ve una muchacha joven
Es de noche
Ella lava los platos
El hombre se acerca a la joven
La toma de la cintura
Bailan vals
Juntos salen a la calle
Ríen
Hay un accidente
La muchacha ha perdido el conocimiento
El hombre va a llamar por teléfono
Llora
Llega a una casa con luces
Pide teléfono
Alguien lo reconoce
Quédate a comer, hombre
No
Dónde está el teléfono
Come, hombre, come
Después te vas
Se sienta a comer
Bebe como un condenado
Ríe
Lo hacen recitar
Recita
Se queda dormido debajo de un escritorio.

Poemas ilustrados, Nicanor Parra

(Selección de Cristóbal Joannon)


A propósito de los 22 subrayados anteriores, téngase presente el siguiente subrayado, a modo de justificación:

Plagio

Una fatalidad. Todo lo detestable que se quiera, pero a veces debe aceptarse, pues a pesar del gran número de ideas que nos legó Platón, la Naturaleza es tan injusta que a muchos hombres (y mujeres) no les ha tocado ninguna idea y, así, tienen que acudir a las ajenas para transmitir sus ideas, generalmente espurias si no concuerdan con las de uno, si es que también a uno le tocó alguna

Lo demás es silencio, Augusto Monterroso


Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente.
Volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando,
como en el muro la hiedra,
y va brotando, brotando,
como el musguito en la piedra,
ay, sí sí sí.

Mi paso retrocedido,
cuando el de ustedes avanza;
el arco de las alianzas
ha penetrado en mi nido
con todo su colorido,
se ha paseado por mis venas
y hasta las duras cadenas
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber,
ni el más claro proceder
ni el más ancho pensamiento.
Todo lo cambia el momento
cual mago condescendiente,
nos aleja dulcemente
de rencores y violencia:
solo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes.

El amor es torbellino
de pureza original;
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino,
detiene a los peregrinos,
libera a los prisioneros;
el amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño
y al malo solo el cariño
lo vuelve puro y sincero.

De par en par la ventana
se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto
como una tibia mañana;
al son de su bella diana
hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín,
al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete
los convirtió el querubín.

Poesía, Violeta Parra


Sonetos de la muerte

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!

Desolación, Gabriela Mistral


«1045

EL AMARILLO en la naturaleza
es más raro que todos los colores.
Es que ella -pródiga de azul-
lo ahorra para los ocasos.

Mientras derrocha el escarlata
-mujer al fin- entrega el amarillo
escasamente y eligiéndolo,
como elige una amante sus palabras.»

«1058

FLORECER es un logro.
Damos, una ojeada distraída,
con una flor y apenas sospechamos
las circunstancias mínimas

que colaboran al radiante asunto.
Tan intrincadamente elaborada
para ser ofrecida después al mediodía
como una mariposa.

Envolver el capullo y enfrentar al gusano,
obtener el derecho del rocío,
ajustarse al calor, burlar el viento,
escapar a la abeja rondadora

para no estar en falta con la naturaleza
que la espera aquel día…
Ser una flor es una honda
responsabilidad.»

Emily Dickinson, Tres poetas norteamericanos


«¿Quién lee para llegar al final, por deseable que éste sea? ¿Acaso no hay ocupaciones que practicamos porque son buenas en sí mismas, y placeres que son absolutos? ¿Y no está éste entre ellos? A veces he soñado que cuando llegue el Día del Juicio y los grandes conquistadores y abogados y estadistas vayan a recibir sus recompensas -sus coronas, sus laureles, sus nombres grabados indeleblemente en mármol imperecedero- el Todopoderoso se volverá hacia Pedro y le dirá, no sin cierta envidia cuando nos vea llegar con nuestros libros bajo el brazo: “Mira, ésos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Han amado la lectura.»

El lector corriente II, Virginia Woolf

(Tomado del Canon Occidental de Harold Bloom)


«Hemos echado un velo institucional sobre el origen de nuestra paz, que no es otro que la violencia ejercida contra los que la ponen en peligro: los locos, los criminales, los disidentes. ¿Dónde se administran esas segregaciones? En los sótanos. ¿Me comprende usted? Vea esa hilera de señoras que van al supermercado y ponen en su camino chuletas, costillas, filetes. ¿Cuántas podrían soportar el olor a sangre fresca de los rastros donde se preparan esas carnes? ¿Cuántas podrían soportar la mirada melancólica de la vaca a punto de ser sacrificada y presenciar sin desmayarse la escena del puntillazo sobre el animal? ¿Y cuántas podrían asistir al destazamiento, el corte de las chuletas, etcétera? ¿Cuántas de ellas o cuántos de nosotros, ciudadanos carnívoros, seríamos capaces de empuñar el cuchillo del carnicero y matar, destazar, limpiar las vacas necesarias para que haya filetes en el supermercado? Si viéramos al matarife ejecutando su labor, la gran mayoría de los que usufructuamos su trabajo, encontraríamos su oficio repugnante, inhumano, siniestro, como en efecto lo es. Pero sin ese repugnante oficio de matar y destazar vacas, no habría los limpísimos trozos de carne para uso de los limpísimos ciudadanos que aborrecen el proceso pero aman el resultado. Pues así como todos comen la carne limpia, cuyo proceso de matanza y destazamiento no soportarían ver, los que comemos filete público de la paz nos rehusamos a mirar el proceso de matanza y destazamiento que la produce.»

La guerra de Galio, Héctor Aguilar Camín


«Advierto una objeción a todo esfuerzo por mejorar la condición humana: la de que quizás los hombres son indignos de él. Pero lo desecho sin esfuerzo: mientras el sueño de Calígula siga siendo irrealizable y el género humano no se reduzca a una sola cabeza ofrecida al cuchillo, tendremos que tolerarlo, contenerlo, utilizarlo para nuestros fines; nuestro interés, por supuesto, será el de servirlo. Mi manera de obrar se basaba en una serie de observaciones sobre mí mismo, hechas desde mucho tiempo atrás; toda explicación lúcida me ha convencido siempre; toda cortesía me conquista, casi siempre toda dicha me ha dado la cordura. Y sólo escuchaba a medias a los bien intencionados que afirman que la felicidad relaja, que la libertad reblandece, que la humanidad corrompe a aquellos en quienes se ejercita. Puede ser; pero en el estado actual del mundo, eso equivale a no dar de comer a un hombre exánime por miedo de que dentro de unos años sufra de plétora. Cuando hayamos aliviado lo mejor posible las servidumbres inútiles y evitado las desgracias innecesarias, siempre tendremos, para mantener tensas las virtudes heroicas del hombre, la larga serie de males verdaderos, la muerte, la vejez, las enfermedades incurables, el amor no correspondido, la amistad rechazada o vendida, la mediocridad de una vida menos vasta que nuestros proyectos y más opaca que nuestros sueños -todas desdichas causadas por la naturaleza divina de las cosas.»

«Dudo que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud: a los sumo le cambiarán el nombre. Soy capaz de imaginar formas de servidumbre peores que las nuestras, por más insidiosas, sea que se logre transformar a los hombres en máquinas estúpidas y satisfechas, creídas de su libertad en pleno sometimiento, sea que, suprimiendo los ocios y los placeres humanos, se fomente en ellos un gusto por el trabajo tan violento como la pasión de la guerra entre las razas bárbaras».

Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar


«En la biblioteca de la universidad erraba entre las estanterías, entre los miles de libros, aspirando el aroma mohoso del cuero, la tela y las páginas ajadas como si fuera un exótico incienso.

A veces se detenía, sacaba un volumen del anaquel y lo sostenía un momento en sus grandes manos, que le hormigueaban al tocar el lomo, el cartón y las dóciles páginas, que aún le resultaban extrañas, Luego hojeaba el libro, leyendo uno que otro párrafo con sumo cuidado, temiendo que sus torpes dedos rígidos pudieran rasgar y destruir lo que tanto se esmeraban por descubrir.

No tenía amigos, y por primera vez en la vida fue consciente de su soledad. A veces, de noche en el altillo, apartaba los ojos del libro que estaba leyendo y escudriñaba los rincones oscuros del cuarto, donde la luz de la lámpara fluctuaba contra las sombras. Si miraba con suficiente atención, la luz adquiría la forma insustancial de lo que acababa de leer. Y se sentía fuera del tiempo, igual que aquel día en la clase, cuando le había hablado Archer Sloane. El pasado emergía de la oscuridad en la que moraba, y los muertos volvían a la vida ante él; y el pasado y los muertos flotaban en el presente entre los vivos, y por un instante intenso tenía una visión de multitud con la cual se fusionaba y de la que no podía ni quería escapar. Tristán, Isolda la Justa caminaban ante él; Paolo y Francesca giraban en la reluciente oscuridad; Helena y el radiante Paris surgían de la penumbra, el rostro amargo de arrepentimiento. Y él estaba con ellos de un modo en el que nunca podía estar con los colegas que lo acompañaban en sus clases, con quienes convivía en una gran universidad de Columbia, Misuri, y que andaban despreocupados respirando el aire del medio oeste»

Stoner, John Williams


«Cuando yo era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo en el que no he dejado de pensar desde entonces. «Antes de criticar a nadie», me dijo, «recuerda que no todo el mundo ha tenido las ventajas que has tenido tú».

Eso fue todo, pero, dentro de nuestra reserva, siempre nos hemos entendido de un modo poco común, y comprendí que sus palabras significaban mucho más.

En consecuencia, suelo reservarme mis juicios, costumbre que me ha permitido descubrir a personajes muy curiosos y también me ha convertido en víctima de no pocos pesados incorregibles. La mente anómala detecta y aprovecha enseguida esa cualidad cuando la percibe en una persona corriente, y se dio el caso de que en la universidad me acusaran injustamente de intrigante, por estar al tanto de los pesares secretos de algunos individuos inaccesibles y difíciles. La mayoría de las confidencias no las buscaba yo: muchas veces he fingido dormir, o estar sumido en mis preocupaciones, o he demostrado una frivolidad hostil al primer signo inconfundible de que una revelación íntima se insinuaba en el horizonte; porque las revelaciones íntimas de los jóvenes, o al menos los términos en que las hacen, por regla general son plagios y adolecen de omisiones obvias. No juzgar es motivo de esperanza infinita. Todavía creo que perdería algo si olvidara que, como sugería mi padre con cierto esnobismo, y como con cierto esnobismo repito ahora, el más elemental sentido de la decencia se reparte desigualmente al nacer.»

El gran Gatsby, Francis Scott Fitzgerald 


Hueso

Curiosa es la persistencia del hueso
su obstinación en luchar contra el polvo
su resistencia a convertirse en ceniza

La carne es pusilánime
Recurre al bisturí a ungüentos y a otras máscaras
que tan solo maquillan el rostro de la muerte

Tarde o temprano será polvo la carne
castillo de cenizas barridas por el viento

Un día la picota que excava la tierra
choca con algo duro: no es roca ni diamante

es una tibia un fémur unas cuántas costillas
una mandíbula que alguna vez habló
y hora vuelve a hablar

Todos los huesos hablan penan acusan
Alzan torres contra el olvido
trincheras de blancura que brillan en la noche

El hueso es un héroe de la resistencia

Apariciones profanas, Óscar Hahn


Anteparaíso/Restos

Entonces, aplastando la mejilla quemada
contra los ásperos granos de este suelo pedregoso
como un buen sudamericano
alzaré por un minuto más mi cara hacia el cielo
hecho una madre
porque yo que creí en la felicidad habré vuelto
a ver de nuevo las irrefutables estrellas*

*PERO ESCUCHA SI TU NO PROVIENES DE UN BARRIO POBRE DE SANTIAGO ES DIFÍCIL QUE ME ENTIENDAS TU NO SABRÍAS NADA DE LA VIDA QUE LLEVAMOS MIRA ES SIN ALIENTO ES LA LOCURA ES HACERSE PEDAZOS POR SÓLO UN MINUTO DE FELICIDAD

Zurita, Raúl Zurita


«El atroz redentor Lazarus Morell

La causa remota

En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor doctor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la décimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el moreno que asesinó Martín Fierro, la deplorable rumba El Manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Toussaint Louverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete del papaloi, la habanera madre del tango, el candombe.

Además: la culpable y magnífica existencia del atroz redentor Lazarus Morell.»

Historia universal de la infamia, Jorge Luis Borges


«Un libro es una cosa entre la cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. La rosa es sin por qué, dijo Angelus Silesius; un siglo después, Whistler declararía El arte sucede.

Ojalá seas el lector que este libro aguardaba.»

Prólogos, Jorge Luis Borges


«…Decir que sufro de nuestra pobreza sería falso; la oscuridad es una prueba segura de que luego saldrá el sol. Vivir es esperar…»

La chica del Crillón, Joaquín Edwards Bello


«…Subí a mi cuarto y, pasada una hora sin que nadie se ocupara de mí, sentí que había comenzado a convertirme en un esperador. ¿No era lo que en realidad había sido siempre?

Si lo pensaba bien, mi vida podía ser descrita como una sucesión de expectativas. En realidad siempre había sido un esperador. Y nunca había perdido de vista que Kafka nos descubrió que la espera es la condición esencial del ser humano…

Recordé relatos -de Julien Gracq, por ejemplo- donde la espera prevalecía sobre el acontecimiento…el tiempo se escandía y alargaba a través del sistema de sucesión de expectativas que, al verse interrumpidas por otras nuevas expectativas, daban comienzos y a nuevas esperas, y así hasta el final del relato…

Seguramente tenían mucho sentido las palabras de aquella deliciosamente absurda anciana rusa de la que habla Bertrand Russell en sus memorias: “Sí señores. Hace mal tiempo y estamos esperando a que cambie. Pero es mejor que haga mal tiempo a que no haga ninguno, y mejor que estemos esperando a que no esperemos nada.”»

Perder teorías, Enrique Vila-Matas


«Pero, en fin, también hay universo en la rua dos Douradores. También aquí Dios concede que no falte el enigma de vivir. Y por eso, si son pobres, como este paisaje de carros y de cajas, los sueños que consigo extraer de entre las ruedas y las tablas, aun así para mí representan todo lo que tengo, y todo lo que pueda tener.

En otro lugar es donde, sin duda, están los ocasos. Pero incluso desde este cuarto piso sobre la ciudad se puede pensar el infinito. Un infinito con almacenes abajo, es cierto, pero con estrellas al fondo… Es lo que se me ocurre, en este atardecer, a la ventana, con la insatisfacción del burgués que no soy y con la tristeza del poeta que nunca podré ser.»

El libro del desasosiego
Un día en la (no) vida de Bernardo Soares
Fernando Pessoa


«Pero ahora, había estallado el vaso; ya no había salvación.

¿Qué era aquel vaso que había estallado? Era el dios que me protegía, era la diosa que siempre me había acompañado, era la misma luna, que era mi madre transformada en Luna.

¡Oh Luna! Siempre estuviste a mi lado, alumbrándome en los momentos más terribles; desde mi infancia fuiste el misterio que velaste por mi terror, fuiste el consuelo en las noches más desesperadas, fuiste mi propia madre, bañándome en un calor que ella tal vez nunca supo bridarme; en medio del bosque, en los lugares más tenebrosos, en el mar; allí estabas tú acompañándome; eras mi consuelo; siempre fuiste la que me orientaste en los momentos más difíciles. Mi gran diosa, mi verdadera diosa, que me has protegido de tantas calamidades; hacia ti en medio del mar; hacia ti junto a la costa; hacia ti entre las rocas de mi isla desolada, elevaba la mirada y te miraba; siempre la misma; en tu rostro veía una expresión de dolor, de amargura, de compasión hacía mí; tu hijo. Y ahora súbitamente, Luna, estallas en pedazos delante de mi cama. Ya estoy solo. Es de noche.»

Antes que anochezca, Reinaldo Arenas

(El subrayado corresponde al último párrafo de las memorias de Arenas y probablemente lo último que escribió antes de suicidarse)


Nocturno

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y
vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los
ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos
vegetales.
La lluvia sobre el zinc de los tejados
canta su presencia y me aleja del sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos
gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.

Los trabajos perdidos, Álvaro Mutis


La muerte zigzagueada 3: La obra maestra

En general, los críticos procuran morirse tranquilamente en sus camas, sabedores de que el rencor de los literatos les puede encajar a última hora un mal rato irreversible. Muy pocos críticos asumen su destino y se arriesgan a llevarse rencores, desapegos, insultos, malicias y chismes de literatos sin sentido de las proporciones. De estos críticos arriesgados fue don Lucho Posada, pero de modo maestro, pues don Lucho Posada publicó un domingo la nota más virulenta de su carrera. Escribió, entre otras finuras, “los literatos son una tropa de patanes ignorantes, fatuos, chismosos, mediocres, borrachos, desaseados y casi todos maricones”. Y ponía el remate perfecto: “esto lo escribo el jueves por la mañana y en las últimas; estaré muerto a más tardar el sábado, de modo que el domingo vayan y digan lo que quieran, palurdos, descomedidos y soberbios”

Obituario, Andrés Gallardo


El Premio

Qué día feliz
La niebla se disipó temprano
Me puse a trabajar en el jardín
Colibríes quietos sobre la madreselva.
Nada sobre la tierra que yo quisiese tener
Nadie sobre la tierra que yo pudiese envidiar.
Había olvidado todo lo que sufrí
No tenía vergüenza del hombre que fui.
No me dolía el cuerpo
Al enderezarme, vi el mar azul y los veleros errantes.

Czeslaw Milosz


Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa… o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.

La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado…

Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito…

Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido…

Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.

Miró fijamente el título del libro y sintió frío y calor a un tiempo. Eso era, exactamente, lo que había soñado tan a menudo y lo que, desde que se había entregado a su pasión, venía deseando: ¡Una historia que no acabase nunca!

¡El libro de todos los libros!

¡Tenía que conseguirlo, costase lo que costase!

La historia interminable, Michael Ende


Cape Cod

La baja y arenosa playa y el pino enano
la bahía y la larga línea del horizonte.
¡Qué lejos yo de casa!
La sal y el olor de sal del aire del océano
Y las redondas piedras que pule la marea.
¿Cuándo arribará el barco?
Los vestigios quemados, rotos, carbonizados,
Y la profunda huella dejada por la rueda.
¿Por qué es tan viejo el mundo?
Las olas cabrilleantes y el cielo inmenso y gris
Surcado por las lentas gaviotas y los cuervos.
¿Dónde todos los muertos?
El delicado sauce doblado hacia el fangal,
El gran casco podrido y los flotantes troncos.
¡La vida trae la pena!
Y entre pinos oscuros y por la orilla lisa
El viento fustigando. El viento, ¡siempre el viento!
¿Qué será de nosotros?

George Santayana

Diccionario filosófico, Fernando Savater


10

El derecho a callarnos

El hombre construye casas porque está vivo, pero escribe libros porque se sabe mortal. Vive en grupo porque es gregario, pero lee porque se sabe solo. Esta lectura es para él una compañía que no ocupa el lugar de ninguna otra pero que ninguna otra compañía podría sustituir. No le ofrece ninguna explicación definitiva sobre su destino pero teje una apretada red de connivencia que expresan la paradójica dicha de vivir a la vez que iluminan la absurdidad trágica de la vida. De manera que nuestras razones para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir. Y nadie tiene poderes para pedirnos cuentas sobre esa intimidad.

Los escasos adultos que me han dado de leer se han borrado siempre detrás de los libros y se han cuidado mucho de preguntarme qué había entendido de ellos. A esos, evidentemente, hablaba de mis lecturas. Vivos o muertos yo les dedico estas páginas”

Como una novela, Daniel Pennac


En cama
“Si tuviera que determinar a qué obedece esa pulsión por habitar mi cama, creo que la respuesta más certera sería: por melancolía. La cama es un refugio, un nido y un nicho. Quedarse en cama sirve para protegerse del frío, de la resolana o de cualquier pretexto climático que nos afecte. Obviamente, también para soslayar a los demás. Es una manera de inclinarse por el aburrimiento y la vida mental, en vez de la acción y el tráfago. Como no tengo la premura histérica de llenar el tiempo, ni creo que valga la pena molestarse en ello, prefiero la posición horizontal, el desierto de sábanas blancas que nos devuelve a la soledad y nos obliga a recogernos y recordar”

Interrupciones, Matías Rivas


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Subrayar

Subrayar es el acto de resaltar en nuestra memoria lo que se marca con el lápiz sobre el libro. Los que leemos con lápiz en mano, y no tenemos miedo de dejar nuestra huella en el libro leído, buscamos algo tan sencillo como recolectar las pequeñas gemas que el autor ha dejado sueltas para que las agarremos. Lo que nos une a los subrayadores es la búsqueda incansable de la frase que es también aforismo o del párrafo que es también una instantánea.

Hace un tiempo se me ocurrió la idea de compartir en este espacio lo que subrayo mientras leo, pero con el tiempo se están uniendo más amigos que subrayan y que son tan generosos que me dejan compartir sus recortes de lecturas. Soy una afortunada, pues, de que Diego y Luis estén acá. Con Diego me unen incansables epistolarios cada ocho días y, por qué no decirlo así, también la distancia. Con Luis nos une el amor por las lecturas, el amor por Borges y nos separan tan solo unos cuantos escalones y lo que me tardo en subir a su oficina, en el mismo edificio de la misma empresa en donde ambos trabajamos. Como sea, estamos tejiendo una red con hilos hechos de palabras. Para verla, solo basta abrir las ventanas:

Subrayados de Luis Riveros P. 


Subrayados de Diego Aristizábal  


Subrayados de Laura

Subrayados (de Laura)

Los otros subrayadores

Por Laura García


«La diferencia entre el sistema comunista y el capitalista es que, aunque los dos nos dan una patada en el culo, en el comunista te la dan y tienes que aplaudir, y en el capitalista te la dan y uno puede gritar; yo vine aquí a gritar.»

«Así transcurría mi vida a principios del año 1980; rodeado de espías y viendo cómo mi juventud se escapaba sin haber podido nunca ser una persona libre. Mi infnacia y mi adolescencia habían transcurrido bajo la dictadura de Batista y el resto de mi vida bajo la aún más férrea dictadura de Fidel Castro; jamás había sido un verdadero ser humano en todo el sentido de la palabra.»

«Yo creía que mi situación había llegado ya al colmo, pero si algo le esneña a uno un sistema totalitario es que las calamidades son infinitas»

«Esto fue una de las cosas más terribles que había logrado el castrimo; romper los vínculos amistosos, hacernos desconfiar de nuestros mejores amigos y convertir a nuestros mejores amigos en informantes, en policías. Yo ya desconfiaba de muchos de esos amigos. Lo más dramático de todo aquello fue que estas personas fueron víctimas del chantaje y del propio sistema, hasta tal punto que fueron perdiendo su condición humana»

«Yo creía que mi situación había llegado ya al colmo, pero si algo le enseña a uno un sistema totalitario es que las calamidades son infinitas»

«Ahora veo la historia política de mi país como aquel río de mi infancia que lo arrastra todo con su estruendo ensordecedor; ese río de aguas revueltas nos ha ido aniquilando, poco a poco, a todos»

«Los dictadores y los regimenes autoritarios a los escritores de dos modos: persiguiéndolos o colmándolos de prebendas oficiales»

Antes que anochezca, Reinaldo Arenas.


«(…)nada representaba tanto el retorno a la «tribu» como el comunismo, con la negación del individuo como ser soberano y responsable, regresado a la condición de parte de una masa sumisa a los dictados del líder, especie de santón religioso de palabra sagrada, irrefutable como un axioma, que resucitaba las peores formas de la demagogia y el chauvinismo.»

«Ronald Reagan y Margaret Thatcher tenían una inequívoca orientación liberal, en muchas cuestiones sociales y morales defendían posiciones conservadoras y hasta reaccionarias —ninguno de ellos hubiera aceptado el
matrimonio homosexual, el aborto, la legalización de las drogas o la eutanasia, que a mí me parecían reformas legítimas y necesarias— y en eso, desde luego, yo discrepaba de ellos. Pero, hechas las sumas y las restas, estoy convencido de que ambos prestaron un gran servicio a la cultura de la libertad. Y, en todo caso, a mí me ayudaron a convertirme en un liberal.»

«Un liberal suele ser «un escéptico», alguien que tiene por provisionales incluso aquellas verdades que le son más caras. Este escepticismo sobre lo propio es justamente lo que le permite ser tolerante y conciliador con las
convicciones y creencias de los demás, aunque sean muy diferentes de las suyas. Este espíritu abierto, capaz de cambiar y superar las propias convicciones, es infrecuente y a menudo inconcebible para quien, como tantos conservadores, cree haber alcanzado unas verdades absolutas, invulnerables a todo cuestionamiento o crítica.»

La llamada de la tribu, Mario Vargas Llosa


«Las calles, como las personas tímidas, cuando se encuentran se cortan»

«¿Le gustan a Ud. los ingleses? No. ¿Los alemanes? Tampoco. ¿Los franceses? Ante la  tercera respuesta negativa, el periodista, un tanto amostazado, preguntó a Erich María Remarque: ¿Quién le gusta entonces? Mis amigos, respodió el aludido.»

«Va resultando un tanto incómodo habitar un mundo que comienza a restaurar el espíritu de tribu, pero no el de la tribu primitiva cuya unidad y beligerancia derivaba de consideraciones vitales, sino de una tribu ideológica más artificiosa y sombría que la anterior. Poco lugar va quedando ya para el hombre solo. »

«Las casas, como los trajes, adquieren al cabo de cierto tiempo la personalidad de sus propietarios.»

«En la Plaza de la Victoria la gente pasea; en la Plaza Echaurren, espera.»

«Los jóvenes tienen tiempo; los viejos historia.»

Prosas desde Valparaíso, Carlos León. 


«El amor es como la fiebre: nace y muere sin que la voluntad tenga en ello la menor parte.»

«Basta un pequeñísimo grado de esperanza para causar el nacimiento del amor.»

«Dejad a vuestra mujer que se las entienda con los colonos de dos de vuestras tierras; apuesto que los registros serán mejor llevados que por vosotros, y entonces, tristes déspotas, tendréis por lo menos el derecho de lamentaros por no haber tenido el talento de haceros amar.»

Del amor, Stendhal


«- Olvídate. Estás perdiendo el tiempo… y el tiempo es la vida.
– La vida sin dignidad no tiene ningún valor»

«No tenía escapatoria. Él no, en cualquier caso. Sus sueños habían sucumbido, como debían, al chocar con los años que pasaban.»

«En veinticuatro años de corregir pruebas, han entrado montones de palabras en mi cabeza por las ventanas de mi alma.»

«- Verás, no puedes trazar una serie de líneas y compartimentos y negarte a dar un paso más allá de ellos. A veces tienes que utilizar tus fracasos como peldaños en el camino del éxito. Hay que mantener el equilibrio entre la esperanza y la desesperación. – Se detuvo, considerando lo que acababa de decir.- Sí – repitió -, al final todo es cuestión de equilibrio.»

[En una escena del libro, cuando los protagonistas asisten a una de las arengas de Indira Gandhi y ella les lanza guirnaldas a los asistentes]
«- Su padre también hacía eso cuando era primer ministro -comentó Ishvar.
– Sí, respondió Rajaram -. Lo vi una vez. Pero lo hacía con humildad.
– Ella parece como si nos estuviera arrojando mierda -comentó Om.
Rajaram rió
– ¿No es esa la especialidad de los políticos?»

Un perfecto equilibrio, Rohinton Mistry


«Todo el mundo tenía que casarse; ni siquiera los retrasados mentales y los paralíticos estaban exentos del matrimonio. ¿No era un deber sagrado tener hijosy criarlos?»

«Qué impredecible era el corazón de una mujer.»

«Qué cierta parecía esa afirmación de que el matrimonio es la muerte del amor.»

«Tenía la sensación de que había una fuerza más allá de su control, de la que él no era más que un vehículo, y que llevaría a cabo el divorcio y le haría emprender una nueva vida. Tal vez esa fuerza era lo que la gente llamaba el destino.»

«Tal vez eso era lo que la hacía atractiva para Lin. Hasta cierto punto, hacían buena pareja: ambos eran ratas de biblioteca. Sin duda seguirían citándose para hablar de libros.»

La espera, Ha Jin


«Cuando uno parte, la memoria se detiene. No desaparece, sino que hace un alto y se ilumina»

«El problema no era el compañero Loza, el problema era que la izquierda había perdido el sentido del humor y de la ironía, el sentido de la tolerancia y la libertad»

«- Pero, entiendo la disyuntiva – dijo, mientras maniobraba el Taunnus en medio del tráfico de la mañana.- Es un dilema estéril. La gente intenta partir, pero no lo logra. De una manera u otra regresan; se mantienen conectados o, lo que es peor, viven una vida doble»

«Vivimos al borde de la añoranza y la melancolía»

«Al poco andar me di cuenta de que ni Vicente Huidobro ni Paul Ricoeur tenían razón: uno «es» en su lengua materna; en el fondo del alma son las palabras de la niñez las que nos dan la memoria, las que nos permiten recordar y transnmitir y pasárselos a los niños, hacerlos entender que hay una raíz, y que hay historias y cuentos que, a veces y a pesar nuestro, nos hacen ser como somos.

También entendí que uno llora en su lengua materna»

Conversación interrumpida, Sebastián Edwards


«Un pasado creíble sólo puede ponerlo por escrito un novelista, un mentiroso que hizo profesión en la mentira»

Cuando ya no importe, Juan Carlos Onetti


«If her poems weren’t exactly the vox populi, it’s because a nation speaks with one voice»

«More than any other art, poetry is a form of sentimental education»

 Ensayo The Keening Muse (del libro Less than one)Joseph Brodsky


«History, no doubt, is bound to repeat itself: after all, like men, history doesn’t have many choices»

«In its ethics, this generation was among the most bookish in the history of Russia, and thank God for that.»

«Books became the first and only reality, whereas reality itself was regarded as either nonsese or nuisance»

«Also, the more one remembers, the closer perhaps one is to dying»

«A writer’s biography is his twists of language»

Less than one, Joseph Brodsky


«I have been a writer my entire life. As a writer, even as a child, long before what I wrote began to be published, I developed a sense that meaning itself was resident in the rhythms of words and sentences and paragraphs, a technique for withholding whatever it was I thought or believed behind an increasingly impenetrable polish.»

The year of magical thinking, Joan Didion


«Algunas manchas son
imposibles de sacar
sin dañar el tejido.

RECIBO DE TINTORERÍA»

Epígrafe de Los palabristas, de Bohumil Hrabal.


«Pero ella es sencilla, es decir, la belleza de las bellezas»

Los palabristas, Bohumil Hrabal


Despedida de Indira Gandhi: «I do not wish you an easy time but I wish you that whatever difficulty you may have, you will overcome it.»

Willy Brandt: «Son tantos los que tienen un pasaporte que si usted me pregunta: ‘¿Es importante tener un pasaporte?’, yo le contesto: es importante sobre todo para cruzar fronteras, pero la cuestión de los documentos se sobrevalora. La identidad nacional es otra cosa.»

Henry Kissinger: «En cierto sentido soy fatalista. Creo en el destino. Estoy convencido, sí, de que hay que luchar para lograr algo. Pero también creo que estamos limitados en la lucha por conseguirlo.»

Entrevista con la historia, Oriana Fallaci


«Porque los escritores lo recuerdan todo, Paul, especialmente las heridas —reconoció abatido—. Desnuda a un escritor, señala sus cicatrices y te contará la historia de cada una de ellas, incluyendo las más pequeñas. De las grandes, se sacan novelas, no amnesia. Es bueno tener un poco de talento si quieres ser escritor, pero el único requisito auténtico es la habilidad para recordar la historia de cada cicatriz… El arte consiste en la persistencia de la memoria.»

«Los tiempos brutales exigen palabras brutales»

Misery, Stephen King


«Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros.»

Tesoros de España, Jorge Luis Borges.


«De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.»

«Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres.»

Borges oral, Jorge Luis Borges


«El amor es como el dominó: la primera caída arrastra todas las demás»

«El capitalismo convierte a las personas en yogures con fecha de caducidad, drogadas a base de espectáculo, es decir, amaestradas para machacar a su prójimo.»

«El problema del hombre moderno no radica en su maldad. Al contrario, en general, y por razones prácticas, prefiere ser bueno. Simplemente odia aburrirse. El aburrimiento le horroriza, cuando en realidad no existe nada más constructivo y saludable que una buena dosis cotidiana de tiempo muerto, de instantes mortalmente aburridos, de muermo interno solo o en compañía»

«Cada mañana consultas cuatro tipos de mensajerías: el contestador automático de tu domicilio, el de tu despacho, el buzón de voz de tu teléfono móvil y los e-mails de tu iMac. Sólo el buzón de tu casa permanece desesperadamente vacío. Ya no recibes cartas de amor. No recibirás nunca más hojas de papel cubiertas de una tímida caligrafía e impregnadas de lágrimas y perfumadas de amor y dobladas con emoción, con la dirección cuidadosamente copiada en el sobre, como una imprecación para el cartero: «No te pierdas por el camino, oh cartero, lleva esta importante misiva a su tan deseado destino…» La gente se mata porque ya sólo recibe correo comercial.»

 13,99 euros, Frederic Beigbeeer


«Still, I continued to believe that literature would save me from all harm»

«Literature, like organized crime, has its networks»

«People always have some story to tell
in a country where words are
the only thing they can share.»

«Men fall silent only before Money, God and Knowledge—the great wheel that crushes them.»

«I always thought
that books crossed
the centuries to reach us»

The Return, Dany Laferrière


«El comunismo es un régimen monárquico. Una monarquía de viejo estilo», decía mi padre. «En cuanto tal, corta los cojones a los hombres. Y cuando a un hombre le cortan los cojones, un hombre no es más un hombre». Decía también que en lugar de redimir a la plebe el comunismo convertía a todos en plebe. Los convertía a todos en muertos de hambre.

La rabia y el orgullo, Oriana Fallaci


«Al igual que la literatura, la música puede determinar un cambio radical, una conmoción emocional, una tristeza o un éxtasis absolutos; al igual que la literatura, la pintura puede generar asombro, una nueva mirada ante el mundo. Pero solo la literatura puede proporcionar esa sensación de contacto con otra mente humana, con la integralidad de esa mente, con sus debilidades y sus grandezas, sus limitaciones, sus miserias, sus obsesiones, sus creencias: con todo cuanto la emociona, interesa, excita o repugna. Solo la literatura permite entrar en contacto con el espíritu de un muerto, de manera más directa, más completa y más profunda que lo haría la conversación con un amigo, pues por profunda, por duradera que sea una amistad, uno nunca se entrega en una conversación tan completamente como lo hace frente a una hoja en blanco, dirigiéndose a un destinatario desconocido.»

Sumisión, Michel Houellebecq


«Lo que digo es que, a la larga, para romper las reglas, uno debe conocer las reglas antes».

«Porque cuando uno odia a alguien, uno piensa en el otro continuamente, y, en ese sentido, uno se convierte en su esclavo. Lo mismo ocurre cuando nos enamoramos».

El aprendizaje del escritor, Jorge Luis Borges


«The human machine is not made to be awake and alert for eighteen hours straight.»

«A place and a name. You don’t need anything else to start a novel»

«I don’t understand all the attention paid to a writer’s origins. Because, for me, Mishima was my neighbor. Very naturally, I repatriated the writers I read at the time. All of them: Flaubert, Goethe, Whitman, Shakespeare, Lope de Vega, Cervantes, Kipling, Senghor, Césaire, Roumain, Amado, Diderot—they all lived in my village. Otherwise, what were they doing in my room? Years later, when I became a writer and people asked me, “Are you a Haitian writer, a Caribbean writer or a Frenchlanguage writer?” I answered without hesitation: I take on my reader’s nationality. Which means that when a Japanese person reads me, I immediately become a Japanese writer.»

«You don’t judge TV; you watch it. The way you watch a wall.»

«Desire is the distance you must between your thirst and the fountain that retreats the more you travel towards it»

«When you’ve got the title, most of the job is done. Still, you do you have to write de book»

 I Am a Japanese Writer, Dany Laferrière


«Todo está explicado en una sola palabra: el hombre. El hombre es el único enemigo real que tenemos»

Rebelión en la granja, George Orwell.


«—A veces el nombre es todo el capital de un hombre — respondió Vidaurre, solemne—. Usted verá dónde le place poner el suyo.»

Frederick Walpole, en 1850: «Hay pocos lugares que produzcan en el recién llegado una impresión tan profunda de fealdad como Valparaíso.»

La vida eterna de Phineas Gage, Francisco Aravena.


«Insensiblemente se formó en él, el más exquisito hábito humano: el hábito de la lectura. Ignoraba que con ello se creaba un refugio contra todos los dolores de la vida; mas no sabía, sin embargo, que creaba para su uso un mundo ficticio, que alguna vez chocaría con el mundo real, produciéndose una amarga desilusión.»

 Servidumbre humana, William Somerset Maugham


«Conviértase en un sol y todo el mundo lo verá. Al sol le basta existir, ser lo que es.»

«El sufrimiento y el dolor van necesariamente unidos a un gran corazón y a una elevada inteligencia»

«La naturaleza es un espejo, el espejo más diáfano, y basta dirigir la vista a él»

Crimen y Castigo, Fiodor Dostoievski


«Pobrecita Meggie. Todavía crees que el amor puede salvarnos. Pero el amor es más destructivo que el odio»

El pájaro espino, Colleen McCullough


«Las cosas no son, suceden, pero en literatura autoridad viene de autor»

Guillermo Cabrera Infante


«La política es una piedra atada al cuello de la literatura.»

Rojo y Negro, Stendhal 


«Recordar es como un abrazo que se les da a los fantasmas que hicieron posible nuestra vida aquí.»

La Oculta, Héctor Abad Faciolince


Subrayados (de Diego)

Los otros subrayadores

Por: Diego Aristizábal


«Ahora imagino la posible correspondencia como una sumatoria de piedritas lanzadas por una cuesta»

29 cartas, autobiografía en silencio, Julio Paredes

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«Al amor y a la escritura se entregaba sin embargo con un estado de ánimo tan enfebrecido y tan calculado que nunca sabía reírse de ellos ni llegar a ser él mismo por completo.»

«En el fondo no tenía ninguna causa real para suicidarse. Pero compuso varios motivos y calculó su suma con una precisión fulminante, y los volvió a componer y volvió a ver, asintiendo con su sonrisa maligna, que el resultado era idéntico y por lo tanto exacto. Pensó incluso más allá de su vida, en nuestros días futuros, consideró cómo se comportaría la gente ante sus libros y su memoria. Observó más allá de la muerte, como los que aman la vida y no saben separarse de ella y que, aun pensando en la muerte, van imaginando no la muerte, sino la vida. Sin embargo él no amaba la vida, y aquel mirar suyo más allá de su propia muerte no era amor por la vida, sino un preparado cálculo de circunstancias, para que nada, ni siquiera después de muerto, pudiese cogerlo por sorpresa.»

 

Léxico familiar, Natalia Ginzburg

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«Me gusta estar plenamente centrado en mí o bien a completa disposición de otros; hablar o guardar silencio, pasear o permanecer sentado, ser sociable o solitario.»

Caminar, William Hazlitt

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«Lo malo de ser feliz es que hace que te entre el miedo»

Primer amor y otros pesares, de Harold Brodkey

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«No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos»

Una lectora nada común, de Alan Bennett

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“Hay que jugar con los libros; como se juega al corro o al escondite. Los libros cuentan historias para que podamos inventar otras distintas; y a veces se mezclan las historias reales con las de ficción: y ambas tienen la misma importancia”.

Si una mañana de verano un niño, de Roberto Cotroneo

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«Una carta la siento siempre como la inmortalidad, porque es la mente sola sin el amigo corporal»

Cartas poéticas e íntimas (1859-1886), de Emily Dickinson

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«En ciertas circunstancias, no basta la buena voluntad. En una ocasión, cuando todavía estaba en casa, había leído que con el tiempo y con el esfuerzo necesarios uno puede incluso acostumbrarse a vivir preso»

Sin destino, Imre Kertész

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«Lo había oído decir, y ahora también puedo dar fe de ello: es verdad que las paredes de la cárcel no pueden poner límites a nuestra imaginación. El único problema era si mi imaginación me llevaba tan lejos como para olvidarme de mis manos, porque entonces la realidad restablecía sus derechos de la manera más concreta y contundente»

Sin destino, Imre Kertész

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«Pobre del que pretenda aislar una parte del conocimiento del resto del saber… La ciencia es una: las lenguas, la historia y la literatura, la física, las matemáticas y la filosofía; las materias más alejadas en apariencia unas de otras, se encuentran en realidad relacionadas o, mejor dicho, forman todas ellas un solo sistema»

Hacia la estación de Finlandia, Edmund Wilson

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«Vivo porque es lo único que tengo. Ni siquiera la muerte tiene para mí ninguna promesa»

«Solo tengo dos verdaderos amigos inseparables en Cali: los libros y la música. Lo demás son adoraciones que no llegan al fondo de mi sensibilidad y se quedan en la superficie: ni me liberan de mí mismo, ni me acompañan»

Del libro Cartas a Aguirre (1953-1965)

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«Que yo sepa, cuanto más se conoce la gente, peor se lleva -dijo Sailor-. Es mejor que la gente siga sin conocerse. Así no desilusiona uno tan fácil»

Barry Gifford, La historia de Sailor y Lula

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«Obrar es ser humilde, y abstenerse de obrar suele, con harta frecuencia, ser soberbia»

Miguel de Unamuno, Sobre la soberbia

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«Tal vez no es necesario cargar con los sufrimientos de los demás, y es en el mismo instante en que, para evitarlos, buscamos la soledad»

August Strindberg, Solo

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«Una de las primeras tareas de la soledad es ajustar las propias cuentas y asimismo el pasado. Es un largo trabajo y todo un aprendizaje del dominio de sí. Cuando no resulta imposible, el estudio de sí es uno de los más instructivos. Con todo, a veces es necesario recurrir a un espejo y con más frecuencia a uno de mano, si uno quiere saber qué aspecto tiene la espalda»

August Strindberg, Solo

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«El libro es la valiosa materialización de una emoción, o la posibilidad de sentirla algún día, y separarse de él sería correr el riesgo de crear un grave vacío»
Jacques Bonnet, Bibliotecas llenas de fantasmas

 

Una historia increíble

En verdad no lo podía creer. Había encontrado ese papelito muy cerca de la librería El Andariego, justo en el rincón de una acera que estaba marcada con las letras amarillas: AME y una X, como si en poco tiempo esta seña indicara una reparación. Faltó poco para no saber nunca lo que decía ese papelito y todo lo que vendría después porque la hojita roja plegada dos veces estaba en el límite de una alcantarilla y con la más mínima fuerza del viento hubiera caído por siempre en el abismo hasta deshacerse con el agua y la mugre. Por fortuna era verano y una ausencia de vientos daba la impresión de que la gente caminaba como en cámara lenta, ni siquiera los trajes se movían, al contrarío, parecían aferrados a los cuerpos como si se hubieran derretido en ellos. Lo cogí como a lo largo de muchos años he cogido papelitos sueltos en la calle buscando siempre infidencias, números ocultos que me hagan acertar en la lotería (que nunca juego pero siempre guardo la esperanza de hacerlo algún día), recetas que hayan sido aplicadas para enamorar, secretos de vidas que desconozco, poemas de suicidas, inventarios, etc. Lo cogí porque me llamó la atención su color rojo y porque estaba al frente de mi camino y un color como ese es imposible no verlo.