La breve y maravillosa vida de Óscar Wao

Junot Díaz es el segundo autor de origen latino que gana el premio Pulitzer de ficción. El primero fue Óscar Hijuelos, con su maravillosa novela «The mambo Kings play songs of love».

Ahora bien, he escrito intencionalmente el comienzo de este artículo con esta frase que ya es cliché en este año 2008 para presentar a Junot Díaz (como fue desde 1990, y durante 18 años, un cliché llamar a Hijuelos el-único-latino-writer-que-ha-ganado-el-Pulitzer) porque me llama mucho la atención ese gusto, sobre todo de los periodistas, por recalcar la condición de LA-TI-NO de Junot Díaz y en general de cuanto artista y cantante que medianamente triunfa en Estados Unidos. Y no se trata de sentir vergüenza de este accidente que es haber nacido en algún país de Latinoamérica, por el contrario, hablo de que, precisamente por no sentir vergüenza, es que no se hace necesario remarcar cada dos por tres que Fulano-de-tal, además de sus talentos, tiene la providencia de ser un LA-TI-NO. Alguna vez un amigo me comentó que esto sucede, no para remarcar la condición de latinos de quienes cosechan premios, éxitos y fama en Estados Unidos, sino para subrayar que al latino siempre le queda más empinada la cuesta y por tanto su lucha es mayor. Me pareció válido este comentario, pero no sé hasta qué punto vamos a anudar, por ese lado, la cuerda de la inmigración. Por supuesto, no soy ajena al tema y tengo claro que la inmigración dentro de Latinoamérica, con todos lo que esta pueda conllevar, no tiene ni mediana comparación con los la que emprenden quienes levantan su vuelo hasta el otro lado del Río Grande o, no menor, hasta el otro lado del charco (dígase: Europa). Sin embargo, lo que me interesa de la literatura escrita por inmigrantes, siempre impregnada de esa sensación de incomodidad, de desarraigo, de inadaptación, es precisamente todo esto que acabo de mencionar y no la condición de latino del autor que con tan sólo decirlo, parece otorgarle un aura especial. Como si ser latino en Estados Unidos ya fuese, por sí solo, motivo suficiente para acercarse a la obra.

Dejando de lado estos «inventos de los medios», la obra de Junot Díaz es excelente. Pero no por que Junot Díaz sea un latino que escribe en inglés y consigue el premio Pulitzer – ¡Oh Cielos! – aún a pesar de ser esto, latino. Esta obra es excelente porque el autor tiene la capacidad para integrar dos voces que llegan con facilidad y entusiasman a todos los lectores – y sí, claro, especialmente a los latinos, para qué negarlo –. Me refiero a estas voces que son la crónica literaria y la novela.

Así como Junot, Óscar de León tiene origen dominicano. Sólo que Óscar es un negro gordinflón, adicto a los cómics, especialmente los de Marvel, a las obras, películas y series de televisión de ciencia ficción y a las novelas de JR Tolkien. La imaginación de Óscar no tiene límites. Para él este mundo y esta vida se hacen insuficientes si no van acompañados de sus delirios fantásticos y su sueño es ser una suerte de Tolkien a la dominicana. Óscar es un tipo buena gente, lo que en Estados Unidos se conoce como un nerdy. Pero sobre todo, Óscar no es el tipo de macho latino y ésta es la obsesión que desde un principio Junot Díaz dibuja en los rasgos de Óscar. Un muchacho brillante, inteligente, quizás demasiado adicto a la ciencia ficción para encuadrar en esa sociedad de normales, pero incapaz de retener a una jevita, o, peor aún, el único dominicano capaz de espantar a las jevitas en tiempo récord. Ese es Óscar. ¿Lo interesante? No es, para nada, un tipo acomplejado. Al contrario, Óscar lucha, ¡y cómo lucha!, por ser lo que aparentemente no será nunca, un auténtico macho-dominicano, sin dejar de lado su deliciosa afición por la ciencia ficción.

Pero dije hace unas líneas que lo interesante de la obra de Junot Díaz es la capacidad de este para conjugar dos voces y una de esas voces es la crónica literaria. Pues bien, de ésta quiero hablar. Óscar no viene solo en esta novela y la puesta narrativa le da la voz cantante a Yunior, ex novio de Lola, la hermana de Óscar, quien se toma la palabra en un par de capítulos. A través de ellos, pero principalmente a través de Yunior, se da a conocer la saga familiar de Óscar, íntimamente ligada a la historia dominicana también. Lo que hace Díaz es salpicar la narración con alusiones a ciertos aspectos muy especiales e interesantes de la historia de la República Dominicana (recordemos que fue allí donde Cristóbal Colón puso pie en América por vez primera), lo que implica hablar del inevitable, de El Cuatrero Fracasado, o como diría Óscar, del Sauron dominicano: Rafael Leónidas Trujillo, para quienes no lo conocen, Díaz lo describe en su nota al pie número 1 y entre la variada cantidad de datos que se disponen, está el del precursor de «una de las dictaduras más largas y dañinas del hemisferio occidental con el apoyo de Estados Unidos», seguramente esta digresión no será ajena: «y si hay algo en que los latinos somos expertos es en tolerar dictadores respaldados por Estados Unidos, así que no hay duda que ésta fue una victoria ganada con el sudor de la frente, los chilenos y los argentinos todavía reclaman» . Para desplegar la historia real de la ficción, lo que hace Díaz es sacar una serie de notas al pie que van dando cuenta, a veces no tan brevemente, de estos aspectos históricos cuando considera necesario aclararlos, puesto que atraviesan durante generaciones a la familia de Óscar. Así, Díaz deja aflorar una suerte de crónica familiar, pero sin alejarse del género principal: la novela.

¿Qué signa a Óscar y su familia además de una historia en cierta medida cruzada con la furia de Trujillo? El fukú, es decir, La Maldición; una sin precedentes traída consigo por los descubridores. De esta forma, aliñando con el mito del fukú, saltando en el tiempo de los principales personajes de la historia (Óscar, Lola, Belicia, la madre de ambos) y soltando sus verdades con toda la frescura de que se es capaz, la voz de Yunior se torna auténtica, amistosa. Uno quiere seguir conversando con él, dejarse llevar por la cadencia de su personalidad explosiva, sin destajo, averiguar más sobre ese antihéroe que es Óscar, quizás entenderlo. Hace un tiempo, un escritor colombiano me dijo que sólo existen los personajes que se aman o que se odian. E inevitablemente uno termina amando a Óscar, queriéndolo, mas no compadeciéndolo, sentimientos que se pueden confundir con la particular historia y personalidad de Óscar. Sin duda, lo que pretendía aquí Díaz era dibujar una idea del dominicano en New Jersey, que persigue ser un macho-dominicano, pero atribulado porque esa personalidad, a la larga, es sólo una ilusión que pretenden preservar los patriarcas y las matriarcas dominicanas, pero que no encuadra con la sociedad a la que se enfrentan, en el caso de Óscar, Yunior y Lola, como segunda generación de inmigrantes nacidos y criados en New Jersey.

¿Qué se puede agregar de Óscar? Bueno, al principio es posible creer que nos enfrentaremos a la típica novela que glorifica perdedores, pero pronto nos desengañaremos para seguir las pistas del protagonista antihéroe. Y, ¿qué más? Algo maravilloso en estos tiempos de pésimas traducciones, un trabajo impecable y muy prolijo al español realizado por la escritora cubano-estadounidense Achy Obejas, que se agradece por partida doble, puesto que además de la traducción, se le agradece complementar con información muy precisa que explica las notas al pie del mismo Díaz, por ejemplo, aquellas notas en que se mencionan los nombres de los superhéroes de comics con los que Óscar buscaba analogías en la realidad, o las series de televisión que acompañaban la infancia de Óscar.

También fue especial rescatar en este libro algo que dijo Junot en una de las muchas entrevistas que ha dado a raíz del premio, y que, me parece, nos toca particularmente a quienes escribimos alguna vez como inmigrantes, a quienes ya no estamos en casa. En una conversación con Bob Thompson de The Washington Post, Thompson dice que en dos horas de conversación, Díaz confirma repetidamente que la inmigración es «the root of who I am as an artist». Absolutamente, Junot.


2 comentarios

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hola laura env erdad me gusta mucho tu blogg! tambien apasionado por la literatura, lo he disfrutado mucho.

lei hace unos seis meses el libro de diaz, precioso en verdad, sabes tu si la edicion en espanhol es traducida por el mismo?
gracias
alexis

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