La tiranía de la igualdad

La tiranía de la igualdad: por qué el proyecto de izquierda destruye nuestras libertades y arruina nuestro progreso.

Axel Kaiser – Ediciones El Mercurio.

189 pág.

 

Este libro parte como un cuestionamiento que Axel Kaiser realiza a todo el modelo refundacional que surgió con mucha fuerza en Chile durante este segundo gobierno de Michelle Bachelet, y el que se describe y defiende ampliamiente en el libro El otro modelo. El cuestionamiento Kaiser lo hace, como no, desde las más puras ideas liberales clásicas. Aunque los detractores de Kaiser lo ponen al mismo nivel de un simpatizante a muerte de Pinochet, la verdad es que están lejísimos de entender la visión y las ideas de grandes hombres que se opusieron a la tiranía de los Estados controladores y supieron defender con argumentos y pruebas fehacientes la importancia de lo individual por sobre lo colectivo como la mejor forma de prosperar. ¿Tiene esto algo de cruel e insolidario? Para nada. La emocionalidad negativa que genera la defensa del individualismo y las libertades individuales es precisamente el error conceptual. Uno de los puntos fuertes de este libro es precisamente que Kaiser logra demostrar que una sociedad libre es incluso mucho más solidaria y empática.

Axel Kaiser

De todas las ideas que la izquierda tan hábilmente puede sembrar y hacer florecer en una sociedad, hasta lograr que se repitan a coro y sin ser cuestionadas, la de la igualdad es una que resulta particularmente atractiva, por lo fácilmente manipulable desde la emoción y porque cualquiera que diga lo contrario —es decir, que no somos ni tenemos que ser iguales—terminará siendo tachado de monstruo. Kaiser no defiende en su libro a la derecha, muy por el contrario, la critica y acusa de mediocre, puesto que, si las ideas populistas tienen tierra fértil en la sociedad, esto se debe también a esa derecha que, por ser enemiga de la lectura, poco cultivada, muchas veces tramposa y anoréxica culturalmente, se ve incapacitada para actuar en el mismo nivel del populismo: el de las ideas.

El postulado central del libro de Kaiser es claro, pero poco popular en nuestros días: «El problema no es de desigualdad sino de falta de recursos y eso se arregla con economía libre y creación de riqueza, no con su distribución y cosificación masiva.» Cuando nos paramos sobre la idea de la desigualdad, la tendencia es a querer nivelar la riqueza al nivel de la pobreza y no a dar elementos y capacidades a todos para que, por sus propios medios, salgan adelante. Para entender mejor esto, Kaiser hace alusión a un comentario cruel del exministro de educación, Nicolás Eyzaguirre, quien dijo: «Un corredor va corriendo con patines de alta velocidad, el otro va descalzo. El descalzo es la educación pública. Entonces me dicen, ¿por qué no entrenas más, por qué no le das más comida al que va descalzo? Bueno, es que primero hay que bajar al otro de los patines». La idea arraigada en la sociedad de que el rico debe bajarse de los patines y repartir por fuerza o por voluntad su riqueza entre los más pobres, destituyó a la idea de que todos podemos conseguir lo que queramos y que para ello basta con tener la libertad de procurarse los medios, en una sociedad en donde el Estado es solo un árbitro y no el dueño, amo y señor de todo. La libertad económica estimula el crecimiento, el empleo, el progreso, la producción científica y cultural y mantiene a toda la sociedad en estado de alerta: nadie puede echarse a esperar que papá Estado venga a resolverlo todo, y todos sí deben procurarse su bienestar. Además, es el libremercado (o el neoliberalismo, ¡el cuco!) el que desincentiva la corrupción. Otra teoría muy bien argumentada y desarrollada en este libro es precisamente la que demuestra que, cuando se le extienden ilimitados poderes al Estado, o se busca que este se haga cargo de todo, se sientan las bases para la corrupción y el robo, puesto que el poder político y el empresarial terminan amangualándose para monopolizar; Kaiser explica de forma muy didáctica la diferencia entre quienes defienden la libertad, o son pro-libertad, y quienes simplemente defienden al mercado. Las sociedades que apuestan por la libertad, por otro lado, motivan y potencian el respeto del otro, no importa su condición sexual, sus creencias religiosas y su condición económica.

Kaiser es abundante en citas, referencias a otros libros y renombradas investigaciones e investigadores. Pero lo más valorable es lo mucho que se nota que, para argumentar las fuertes críticas que hace al comunismo, al populismo, al socialismo del siglo XXI y al modelo refundacional en Chile, Kaiser buceó y estudio en profundidad toda la literatura política y económica que sustenta las ideas más clásicas de la izquierda, desde Rousseau hasta Gramsci.

Algunos subrayados del libro

«El problema es que la doctrina que separa al individuo de su voluntad y de su interés pretendiendo que existe una autoridad que sabe mejor que él cuál es su interés y que por tanto puede imponérselo desde el Estado, contiene los gérmenes del autoritarismo y del totalitarismo.»

«Podrá darle rabia a los socialistas que haya gente andando en Ferrari o vaya a buenos hospitales, pero así como los católicos están obligados a tolerar parejas homosexuales aunque no les guste y los musulmanes deben tolerar las caricaturas del profeta Mahoma, los socialistas están obligados a tolerar que los demás gasten lo que les pertenece como se les antoje.»

«Cuando Mao Tse Tung murió en septiembre de 1976, el 66% de los 1.200 millones de chinos vivían con menos de un dólar al día (un dólar al día es la definición de pobreza extrema que la Organización de las Naciones Unidas utilizó para declarar los objetivos del milenio en el año 2000). Un par de años después, su sucesor Den Xiao Ping introdujo el capitalismo como sistema económico en lo que, hasta el momento, había sido un país socialista-maoista. Después de cuatro décadas de economía de mercado, el porcentaje de chinos que vive por debajo del umbral de la pobreza es de menos del 0.3%. Cuando murió Mao, había 615 millones de ciudadanos pobres en su país. De ellos, un total de 612 millones de personas han dejado de ser pobres gracias a que el sistema económico ha cambiado»

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